Biografía

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Fue en la primavera  de 1990 (si mal no recuerdo) cuando, luego de un show  de Licuados y bien entrada la mañana, volvimos  caminando con  mi novia y Víctor (que por esa época disfrutaba de su primer año en La Plata e intentaba ser estudiante de Diseño Gráfico) hacia mi casa de 41 entre 7 y 8 en perfecto estado de ebriedad (al menos la entera anatomía de quien esto escribe) hablando de lo que ya no recuerdo.

A Víctor le gustaban los Corazones.

Durante los años ’89 y ’90 formé parte de Los Licuados Corazones, banda de la que aún hoy permanecen en buen estado varias grabaciones , por ejemplo las iniciáticas  primeras  versiones de “América”, “Camas Separadas” y “En la habitación”.

La primera  vez que nos juntamos a componer con Víctor fue en el ’91 en mi casa de 41 número 633. Acababa de disolverse Licuados y  comenzaba  a  disolverse  mi bienestar amoroso por lo que las canciones (luego de un lapso de 8 meses en que no les di bola; creo haber escrito 2 canciones  en ese tiempo  y en los próximos tres meses escribiría 36) retornaban.

Una de esas dos canciones que escribí en esos 8 meses en que prácticamente  no escribí  fue “20 de noviembre”.

Creo tener perfectamente  registrada en mi memoria  nuestra  primera reunión  compositiva. Lo del creo es una humilde  trinchera  ante el paso de los años.

Víctor peló unas violas increíbles  (realmente  increíbles) para “Tomates podridos” (segundo tema que  tocaría Peregrinos, y la otra canción que escribí en esos 8 meses que no escribí) y pensé  (¿Pensamos?): “¡Esto suena, man!”. Después le mostré “20 de noviembre”.Ya teníamos  nuestras dos primeras canciones.

La segunda o tercera vez que nos reunimos fue en la casa de 45 donde Víctor vivía con unos tíos. Me mostró “Más en este instante” y en un par de días teníamos  nuestra tercera canción.

Los dos nacimos en Junín  por lo que yo ya lo había visto desarrollar sus habilidades de guitarrista en La academia de la intuición y en El cuerpo limitado, dos de las bandas juninenses  en las que tocó.

Comenzábamos a hacernos amigos.

Ya teníamos nuestra  trilogía  inicial  de canciones por lo que una noche nos reunimos a tocar con Luciano y Federico Mutinelli (Fede  y Luciano, hoy en Mostruo,  eran el bajista y el baterista de Topografía difusa, grupo de rock súper ecléctico y deforme de fines de los ’80 platense) frente a Plaza Italia en un primer piso inolvidable porque esa noche en un abrir y cerrar de ojos compusimos  “Ardimos” (canción  escrita en 1986 cuando, probablemente al igual que ahora, aún no tenia idea de cómo se toca una guitarra) y “20 de noviembre”.

Nacían Los Peregrinos. Banda de vida escueta pero mítica para algunos, que dejó ( gracias a una idea de Fede que se encargó de recopilar el material) dos discos con las aproximadamente 36 canciones que el grupo ejecutó en sus 7 recitales en vivo llevados a cabo en el lapso de su breve año de vida.

Hacia fines del 92 Los Peregrinos estaba disuelto y con la disolución  del grupo nacía la voluntad de tocar tangos (dirección victoriana, porque fue voluntad  de Víctor).

En aquella época yo renegaba de componer las clásicas canciones de autor (que amigos y no tan amigos enuncian  y denuncian  como mi única virtud) y Víctor tocaba en un grupo de guitarras de tango al que adscribí.

Dos años de tango y… soul, funk, jazz, y…música negra.

Steve Wonder, Miles Davis, Coltrane ,Duke Ellington, James Brown, Sly and the Family Stone.

En esos años de tango esencial y black music hubo intentos de canciones funkies, baladas  jazzers, armonías abiertas , más acento en lo rítmico que en lo melódico, un soul vibrante  y un espectro sonoro inejecutable  por blancos como nosotros. Época de investigación musical.

Volvimos  a las canciones de autor. Volvimos a la banda rock. Abandonamos la black music pero no el tango, buscábamos nuestra estrella.

Pasaron varios músicos durante esos años de curiosidad  estilística como Fede Nuñez  en clarinete y saxo alto, Luciano Mutinelli y Sebastián Porro en batería, Juan Esteban Zuñirá Gonda y Daniel Rezzonico en bajo.

En el año 94 Pablo Silvera en bajo y Oscar Torguet  ( batero de licuados corazones)  devuelven  a Los Estelares al clásico cuarteto.

Nos presentábamos en La Luna (Capital), en algún  bar del abasto porteño del que no recuerdo el nombre, en La Plata.

Pali había sido el bajista de Bar 39 (banda ajustadísima The Cure-ense de la escena platense de fines  de los ’80) y ya habíamos compartido un par de escenarios en La Plata.

Recuerdo una  tarde primaveral  y Pablo sentado en el umbral de su casa de calle 39. Le llevé algunas de nuestras canciones  en casette. No habló mucho (hombre de pocas palabras, así era, así es Pablo), recibió el material  y al tiempo estábamos tocando juntos.

En el 95 reingresa Luciano Mutinelli como baterista y grabamos EXTRAÑO LUGAR.

Ana Laura Mendy, quien fue nuestra productora ejecutiva , nuestra manager, nuestra amiga (mi amiga, hermana, casi madre, sólo que madre hay una sola, te quiero Negrita),  nuestra  gestora en el mundo del business  permitió que tengamos ese, nuestro primer disco.

Después vinieron el Mono Cohen, Skay y Poli, Gauvry, Amorena  y EXTRAÑO LUGAR se convirtió en disco nacional.

Extraño Lugar fue editado en diciembre de 1996 en Argentina, y en España en agosto de 1997.

Ana estuvo con nosotros hasta que empezamos a grabar AMANTES SUICIDAS (agosto 1998).

En diciembre  de 1998 se editó AMANTES SUICIDAS.  y con la  ida de Laura como manager  nos rendimos a una larga temporada de  cuelgue , unos cuantos meses en la luna (pero no el pub donde solíamos tocar).

El disco no tuvo casi promoción, a diferencia  del primero (época en que éramos bastante requeridos por cierto), y prácticamente  no tocamos (salvo algunos shows en La Plata).

Presentamos  Amantes Suicidas en el Podestá en dos sábados de diciembre  del 1998 y si la memoria no me falla  en todo el 99 y parte del 2000 sólo tocamos  en Buenos Aires una vez.

Lo que merece mención  es que en ese único show que fue en un festival en  Excursionistas,  minutos  antes de subir a tocar lo que seria un acústico  y estando yo con la guitarra colgada a punto de subir al escenario alguien  me toca la espalda, y al darme vuelta  veo y escucho al señor Ricardo Mollo diciéndome: “¿Tocan ahora, no?, Los vine a ver”.

Obviamente tocamos mal, pero no fue solo culpa nuestra, el sonido era pésimo.

Algo parecido ocurrió la segunda vez que tocamos en el Imaginario bar antes de la edición de EXTRAÑO LUGAR.

Habíamos tocado una  primera vez y estaba Skay, Poli y un montón de periodistas de primera  línea  y el show estuvo buenísimo. Entonces  Skay sonriente y amable como siempre viene a saludarnos y nos dice: “Muy bueno, las violas  son re Television“.

Como la primera vez  todo había ido muy bien la segunda Skay lleva a Gauvry (Del Cielito Records) para que nos vea. Esa noche tocamos propiamente para el orto.

De todas formas en un futuro no muy lejano firmaríamos contrato con Del Cielito Records.

Luli (seudónimo de Luciano) estuvo con Estelares hasta mediados del 99. Entonces ingresa Rodrigo Velázquez  (ex baterista de Peligrosos Gorriones) como batero.

Grabamos un demo en marzo del 2000 (un fin de semana entero en Parque Leloir, estudios  Del Cielito señores) asistidos por Sebastián Escofet en la producción. Nuestro  demo verde con siete canciones que un disquero en Córdoba llego a vender a 22 pesos, demo verde que a mediados del 2000 se lo alcanzamos  a Juanchi  Baleiron (que a priori nos resultaba el productor más adecuado para el sonido y la lírica estelar) con la esperanza de que se entusiasme en grabarnos nuestro tercer disco.

También a mediados del 2000 Rocky deja la banda e ingresa Carlos Sanchez y fue precisamente el día del debut de Carlitos, el 9 de septiembre de 2000 (tocamos en el auditorio de Bellas Artes en La Plata con Pablo Krantz creo) cuando llega Víctor a la prueba de sonido y nos dice que acababa de hablar con Juanchi  a quien  le había encantado el demo y quería producir en  principio 4 o 5 canciones. En diciembre estábamos ya laburando juntos pero en lugar de 4 o 5 canciones Juanchi  se copó y propuso hacer el disco entero.

Así comenzó nuestro tercer disco. Le mostramos  a Baleira aproximadamente 50 canciones  además de las que el ya conocía del demo y seleccionamos las 14 que ya son parte de Ardimos, Birds la décimoquinta  iba a ser grabada en vivo  en los estudios de Pericos el fin de semana que se registraron las bases.

En el largo (larguísimo) pero fructífero  proceso de preproducción, producción, grabación y mezcla, solo recuerdo haberme cruzado con la infelicidad de la ansiedad el segundo semestre del 2002 cuando el disco estuvo a punto de ser editado por otras compañías y por miles e inenarrables  motivos  todo quedo en la nada; por lo demás haber trabajado en Ardimos nos ha dejado lo suficientemente felices  como para empezar a disfrutarlo.  Ya fuimos compositores, ahora somos intérpretes  y escuchas.

Que lo disfruten.

manuel@losestelares.com.ar

De Ardimos a Sistema Nervioso Central

Ardimos fue (para mí) una bisagra emocional. Siempre había escrito canciones y había tenido grupos de rock. Incluso había grabado los dos primeros discos de Estelares, pero en Ardimos decidí que viviría de las canciones.

Dejé mi trabajo de mozo y me mudé a Buenos Aires. Mis ingresos eran nimios: las presentaciones de Estelares y algunas esporádicas como solista me ofrecían el poco dinero con que contaba en esa época.

Por eso agradezco enormemente las amabilidades económicas, habitacionales, de contención y demases de Juan Martinez Zuviría, Rafael Ferraiolo, Manuel Farizano, Roberto Decotto (estos dos entrañables amigos son integrantes del grupo Superlasciva) Paloma, Fernando Migliorini, Luis Avaca, Lucas y Lisandro Capdevila, Carolina Martínez, Julieta De Marziani, Gustavo Ragadale, Pipo Mengochea, Andres Lavaselli y varios más que espero no se ofendan por mi olvido, en esos años de sana desesperación y convicción cancionera absoluta.

Pasé casi todo el tiempo que va entre diciembre del 2000 hasta noviembre del 2003 abocado al desarrollo y conclusión del disco Ardimos.

Las canciones del disco estaban compuestas pero nos pasamos esos tres años Víctor y, sobre todo luego de mi mudanza a Baires, Juanchi y yo reuniéndonos esporádica y asiduamente (según la agenda de Pericos lo permitía) en pos de concluir un disco que se sentía hermoso pero interminable.

No fue extraño entonces que en ese lapso “eterno” de tiempo haya decidido mostrar algunos de mis demos en ese querible disco-no disco llamado La mañana del aviador, disco en el que de una u otra manera participaron casi todas las personas arriba mencionadas.

En el Pitochas Club (antigua residencia de Manuel Farizano y Paloma de Anchorena y Beruti)  se grabaron varias de las canciones de La mañana del aviador (en inolvidables, incendiarias e interminables noches) y  también allí empecé a grabar los primeros demos de Luxemburgués, Ella dijo, Buri Buri, Campanas…

En La mañana del aviador está el primer demo de “Aire”, la única canción casi autobiográfica de todas las que compuse. Escrita y grabada en 1998. La registré en mi Tascam en una misma semana conjuntamente con “Lagos del sur”, “Hudson” y “Superacción”.

Las cuatro  están en La mañana… En aquella época pensé que había sido una semana perdida, que no pasaría nada con esas canciones. Por suerte me equivoqué.

Cuando en noviembre de 2003 se editó Ardimos, todos nos desinflamos de alegría y consecución. El disco estaba en la calle y gustó a público y crítica. Empezamos a viajar más, a tocar más.

En los días de grabación de Ardimos vivía en Palermo; cuando se editó el disco me mudé a Congreso y allí llegaron canciones como “Las vías del tren”, “200 monos”, “Un show”, entre otras. “Eléctricos  duendes” y  “Un día perfecto” fueron compuestas en el departamento que compartí con mi querido amigo Pipo en Once.

La blondie-disco “Jardines Secos” es de Pablo, yo sólo escribí los versos.

“¿Qué será?” es de Torio, letra y estribillo son mis aportes en esa enigmática y preciosa canción.

“Ardimos”, que cierra SNC, fue escrita allá por el año 1986; me sorprende y me llena de orgullo su actualidad.

En octubre de 2005 nos pusimos a ensayar las canciones y en enero de 2006 se grabaron las bases de SNC. Tres días en el estudio Perico bajo la conducción de Sir Baleiron y la asistencia técnica de Sir Perkal

El resultado fue felicidad: un deslumbrante Carlos Sánchez plasmó su sensibilidad en performances conmovedoras (escuchen las baterías amigos y deléitense). Pablo (uno de los  pocos poeta-bajista, es decir un bajista que con su instrumento toca poesía), Víctor (el gran orfebre, el prestidigitador misterioso y emotivo) y yo (humilde servidor) grabamos luego bajos, guitarras y voces en la casa de Juanchi en el estudio perfectamente denominado Alegría del vivir.

La semilla germinó, en la sala de ensayo encontramos el sonido En Vivo que buscábamos y estampado quedó en el disco cual xilografía. El disco suena a Tracción a sangre.

Tanto SNC como Ardimos le deben mucho a la sensibilidad de Baleiron y a nuestros tantos años de amor a las canciones.

Guardo para mí los recuerdos y el amor de compartir días de grabación junto a Juanchi Baleiron, Jorge Serrano, Pity Alvarez, Eduardo de Árbol, Mariano y el Tucán de Attaque, nuestro queridísimo Sebastián Escofet, Mariano Esaín, Víctor “la pantera” Mazzaro, Andrés Calamaro, Hilda Lizarazu, Gabriel Carámbula y  a los enormes Estelares.

A todos ellos y a cada uno de ustedes el mayor de los agradecimientos.

El mayor de verdad.

“Música es lo que das” (Charly García).

Manuel.

De Sistema Nervioso Central a Una Temporada en el Amor

Está la cronología “pública” entre S.N.C y U.T.A, la fría letra que consigna, en el tiempo transcurrido entre esos dos discos, la primera vez que la banda cortó más de mil tickets (fue en Junín), o el primer show en el mítico estadio Atenas de La Plata, pasando por el viaje a España o las 3000 personas que acudieron a la Vieja Usina cordobesa en junio de 2007, hasta el show de cierre de S.N.C en el teatro Ópera de la calle Corrientes, en noviembre de 2008. Eso en cuanto a la vida visible de Estelares.

Está también el pulso oculto, la corriente de trabajo y proyectos compartidos que hace de Estelares una red de voluntades que convergen en “la banda”, como le decimos cada vez que hay que ponerse en movimiento porque “la banda” lo requiere. La banda es nuestra cotidianeidad y nuestra casa, la llevamos encima como las tortugas o los moluscos llevan su esqueleto a cuestas.

Me acuerdo de un día de agosto de 2006, hacía frío y estábamos los cinco formados en ronda en la vereda de La Trastienda, saludándonos, riendo, celebrando anticipatoriamente lo que queríamos que pasara. Acabábamos de escuchar “Aire” por primera vez en una radio nacional, y yo tuve la sensación de que, por algún raro misterio de fisiología animal, todos estábamos sintiendo la misma pura emoción y alegría por haber inscripto en el mundo un disco estelar más.

Luego vinieron más de dos años de “pasear” el disco por el país, un proceso casi diría de convivencia familiar, con las risas, cansancios, broncas y celebraciones que eso implica. Nos conocemos alegres, taciturnos, bulliciosos, lavándonos los dientes, dormidos, exaltados, con dolor de cabeza, con cistitis, hablando de política, de libros, de películas, de amigos, de mujeres, del pasado, y del futuro, que es lo que nos mantiene en la ruta. Pasaron más de dos años, pero la canción es la misma. El miércoles pasado, mientras los cuatro estelares nucleares firmaban “Una Temporada en el Amor” en Musimundo, yo sentí, yo supe que todos sentíamos, que estábamos donde queríamos estar. Ojalá este disco los lleve a ustedes a su mejor lugar.

Lucas
lucas@losestelares.com.ar

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