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Filmamos el clip de “Melancolía”

Con estética setentosa, como la de aquellos cantautores que presentaban su arte en los estudios de televisión, tomando como inspiración las películas de Leonardo favio.
Estelares filmó su nuevo video clip” Melancolía”. dirigido y fotografiado por Eduardo Pinto, producido por Sergio Costantino para negrofilms. Se filmó en los estudios de Jufre, en el corazón de Palermo.

Melancolia

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Toda esta nostalgia

FAN > UN MÚSICO ELIGE SU CANCION FAVORITA

Domingo 6 de Septiembre – Radar – Pagina 12

Por Manuel Moretti

Parece ser que estoy signado por la ausencia. Empecé escuchando los discos de mis padres, como muchos, supongo. De los de mi madre quedaron en mi memoria los de Nino Bravo, Roberto Carlos, Julio Iglesias, Sandro y Leonardo Favio. Y de los discos de mi viejo recuerdo especialmente el tango “La mariposa” de Pugliese. Estaba en un compilado inolvidable con temas del maestro comunista, que rondaba el Winco, que a su vez había comenzado a entrenar mis oídos por esos días.

Mi padre viajaba y no estaba en casa cuando yo era niño. Y esos acontecimientos generaron en mí un aire de despedida eterna. Nunca lo veía por mucho tiempo.

Creo que algo de esto último que cuento fue definitorio para que mi canción preferida de niño y aún hoy (entre tantas que amo, lo imaginarán, comprenderán que me expongo a una cruenta decisión de tener que hablar sólo de una), aún hoy, como decía, mi canción preferida es “La distancia” de Roberto Carlos.

La escuchaba en ese Winco, en un inmenso living de 4 por 5 metros por 4 de altura, habitación elástica y gigante de casa antigua, donde mis pensamientos iban y venían con absoluta autoridad e inocencia: nadie los interrumpía en su periplo, atravesaban el espacio para perderse algunos por la puerta principal de la gomosa habitación y huir libres en busca de nuevos aires, mientras que otros permanecían inquietos en mí. “La distancia” era el vigía, el moderador de ese reducto de pensamientos, ensoñaciones y primeras emociones.

En esa misma habitación vi algo (recuerdo endeble, ¿memoria selectiva?) de la final del Mundial de 1978, allí mismo donde al amparo de “La distancia” supe que no viviría en el pueblo de grande. Supe que me iría de Junín. Una Junín atravesada por la dictadura y por su natural esquizofrenia conservadora, con un indescriptible deseo de casi toda la ciudadanía pueblerina de querer ser más de lo que se es, o decir que se es lo que no se es.

Como decía, habitación elástica, holgazana y sobreprotectora. Un gran ring donde luchaban, incansables tardes y noches, innumerables mundos que pugnaban por salir de mí. Cuando algunos lo conseguían, rebotaban en las cálidas paredes, o en el techo, o en el piso y volvían algunos de ellos estallando en mi interior, regocijándome, cobijándome, atemorizándome. Todo esto ocurría bajo la supervisión de “La distancia”. El hálito de nostalgia y melancolía que envuelve a la canción me conquistó, fue crucial: mi debilidad estaba a la vista. La eterna despedida; la pérdida ambigua.

Pasaron algunos años y yo empecé a escuchar otras músicas, otras canciones: “Cantata de puentes amarillos”, “Buen día, día”, “Cómo mata el viento norte”, “Una casa con diez pinos”, “Been Alone so Long”, “Starless and Bible Black”, “Wild is the Wind”, “Walk on the Wild Side”, “Norwegian Wood”, “Sister Morphine”… ¿Voy a escribirlas a todas? Comprenderán que no.

Sin embargo, jamás olvidé esa canción. Es bellísima la melodía: viscosa como la pérdida, adhesiva como la mismísima humedad, la forma en que la canta Roberto. Debo confesar que, cuando Andrés Calamaro la grabó en su disco El cantante, sentí cierta furia. Recordé que hacía mucho que no escuchaba ni cantaba “La distancia”, y sentí que si alguien debería haber hecho una versión de esa canción era yo. De todas formas, la versión de Andrés está tan buena que la furia se transformó en placer.

Ya escribí mi canción “Melancolía” en el quinto disco de Estelares, Una temporada en el amor. Estoy libre de pesares al respecto: exorcicé la pérdida y ahora puedo disfrutar de “La distancia” como siempre, sin recordar una niñez con padre ausente.

Cuando voy de gira, cuando apoyo mi cabeza contra el vidrio de cualquier ventanilla de micro, o de tren, o de auto, cuando deposito la mirada en el horizonte, cuando veo la ruta vacía o iluminadamente concurrida, cuando miro a través de un ventanal, recuerdo “La distancia” y a Roberto Carlos cantado temblorosamente: “Nunca más oíste tú / hablar de mí / en cambio yo seguí / pensando en ti / en toda esta nostalgia”. Entonces, sólo entonces, no me siento solo.

Radar

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Estelares grabó en San Luis

Manuel y Juanchi
Estudio Casa de La Música – Villa Mercedes (San Luis)

La actividad comenzó el viernes, día que fue dedicado íntegramente a grabar las bases y a marcar la estructura de la versión estelar de Vasos Vacíos, canción de los Cadillacs, que será incluida en un disco homenaje de próxima edición.

El sábado Torio y Rata le dieron los últimos toques, y también fue el turno de registrar batería y bajos de dos canciones estelares nuevas: Odas y Linea D (en formato de trío: Carlos, Pali y Manuel) y se terminaron las voces, guitarras y pianos de Madagascar, cuyas bases se habían grabado en El Pie en febrero pasado. De estas nuevas canciones se eligirán dos para formar parte del bonus track de la reedición de Una temporada en el amor, prevista para fin de año.

Son días de placer y trabajo fructífero entre los 6 estelares, Juanchi (productor) y Perkal (ingeniero).

Agradecemos a la gente de Sony (Sabrina, Gustavo, Nacho) y a Juan, asistente de grabación de los estudios.

Grabando

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Reseña del disco en Vuenosairez

“Las trémulas canciones me hablaron de ti y yo sin fe” canta Manuel Moretti en el track que posee uno de los mejores estribillos de “Una temporada en el amor”. Justamente, el adjetivo trémulas bien puede aplicarse a las canciones (que se debaten entre los medios tiempos, el rock, el pop y un puñado de baladas) que dan forma al quinto disco de Estelares: catorce temas frágiles con letras en las que la nostalgia y el desamor parecen cubrirlo todo. De hecho, ya el título del sucesor de “Sistema Nervioso central” (aquella placa con la que la banda alcanzó el éxito masivo luego de más de 15 años de carrera) tiene como clara referencia “Una temporada en el infierno”, el clásico libro del poeta francés Arthur Rimbaud. Y esto no es incoherente con los textos de Moretti para quien, el amor y el dolor muchas veces parecen ser la misma cosa. Basta con repasar los versos de “Cristal”, el primer corte, para comprenderlo: “Mas a pesar de todo, tu bondad y mi crueldad sé que no he de perdonarte que no me hayas vuelto a mirar a la cara”. Desde luego, para desarrollar esta melancólica visión de las relaciones humanas ha sido muy importante la influencia tanguera que acompaña al grupo desde “Extraño lugar” su debut de 1996. De hecho, el tango ya esta presente en “Una temporada en el amor” a partir de la portada y el arte interno compuesto por ilustraciones representativas de las milongas y sus personajes. (…)

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El rock tiene prejuicios con la palabra amor

Cuando creían que su momento nunca llegaría, Sistema nervioso central, su disco anterior, los acercó a la masividad. Fito, Mollo y Calamaro los elogian. Cómo un puñado de hits les cambió la vida. Estribillos, Nino Bravo y rock & roll.


Manuel Moretti, el cantante y líder de Estelares, agarró una guitarra por primera vez a los 21 años: “Estaba loco como una cabra, angustiado, con problemas familiares y de drogas. Corrió riesgo mi estructura afectiva, tenía una soledad muy grande más allá de las drogas, aunque probablemente una en especial me alteró el sistema nervioso. En el ’87 me fui de Buenos Aires a La Plata para limpiarme. La manera de volver a relacionarme, de a poco (me llevó un montón de años), como hombre social, fue encontrar la melodía y el verso. Empecé a escribir canciones y a todo el mundo le parecían buenísimas”, cuenta en un bar del Abasto. Ese “todo el mundo” incluía a Rocambole, que les hizo la tapa del primer disco (Extraño lugar), la Negra Poli y Skay, de Los Redondos. “Empezó a convertirse en una profesión. Y supe que nunca iba a dejar las canciones. Pero igual tuve miedo, pensaba si íbamos a lograr algo, a los 30 tenía la sensación de que se nos pasaba el tren…” (…)

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Para Estelares, llegó la hora de la popularidad

El grupo acaba de editar Una temporada en el amor

Para Manuel Moretti y Estelares llegó la temporada consagrada al amor

Mediodía soleado y caótico. Media ciudad está colapsada por marchas, protestas y paros programados. Los Estelares tardan en llegar desde La Plata. A las 14 están programados una firma de autógrafos y un petit show de cinco temas en el Musimundo de Santa Fe y Callao, pero cuando faltan 15 minutos nadie llega, sólo Manuel Moretti está en el camarín improvisado matando el tiempo. “Estoy asustado”, confiesa por segunda vez; la primera, casi una hora atrás, fue cuando en la puerta de la disquería una chica se acercó a pedirle que le escribiera algo en su cuaderno. “Tus canciones son una inspiración para mí”, le dijo ella con una voz cristalina.
A Estelares le llegó la hora de la masividad. Después de la explosión radial que la banda formada en La Plata vivió con Sistema Nervioso Central (06), es el turno de la confirmación, del último salto. Manuel sabe que las canciones las tiene y, sin arrogancia, señala tres o cuatro “cortes” seguros que sonarán en la radio. Tampoco peca de ingenuo: sabe que cuenta con el apoyo de su compañía para que los temas de la banda suenen hasta que se adhieran a la memoria colectiva. (…)

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Entrevista a Victor

Hicimos un disco hermoso…. nos dice Víctor acerca de Una Temporada en el Amor, reciente edición de Estelares. ¿Cómo sobrevivir en el maintream sin perder la calidad de esas canciones hechas para perdurar que el grupo supo construir?


Con la edición de “Una temporada en el amor” Estelares atraviesa un momento crucial en su carrera. La banda, que recorrió el under desde los noventa, enfrenta un desafío interesante: mantener con su quinto disco la atención que generó con el notable y exitoso “Sistema nervioso central”. ¿Cómo sobrevivir en el maintream sin perder la calidad de esas canciones hechas para perdurar que el grupo supo construir? El guitarrista Victor Bertamoni (responsable directo del sonido de Estelares) es el encargado de darnos la respuesta y, de paso, revelarnos algunos de sus secretos como instrumentista en esta entrevista exclusiva. (…)

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Una tierna temporada en el amor

Me pasó tres veces en una semana. ¿Demasiado? Sí, claro. Por eso me dio para pensar. Pensar en nada. Pensar en el amor, en los enamorados, en esa fiebre incurable que nubla los sentidos, que no tiene antídoto, ni vacuna, y que, aunque enferma de muerte, uno ansía locamente desde que es un chico, tan chico como para ver “Mi novia Polly” y creer que cuando se siente amor se tiene la cara de tonto de Ben Stiller y las piernas de Jennifer Anniston.

Me pasó cara a cara con Liniers, cuando el dibujante tierno de la contratapa de La Nación, me habló de la sonrisa de su hija Matilda que, desde la cuna, mientras él juega con pingüinos, conejos, aceitunas, Enriquetas y Fellinis, lo mira con la mirada más linda, más luminosa que jamás, ni en sus sueños más hermosos, imaginó dibujar, ni ver, ni mirar. Cuando la ve, se levanta y se va, a acunarla en sus brazos, sin que nada, nada más, tenga algún sentido. (…)

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Entrevista en Rolling Stone

Habla Manuel Moretti de Estelares
El cantante da cuenta de su fascinación por Leonardo Favio y reflexiona sobre la bohemia anacrónica.

La cuestión geográfica ocupa un lugar importante en la cabeza de Manuel Moretti, cantante y compositor de Estelares, que escribe, por ejemplo, “un avión recolector es la escena en esta función, calle Anchorena a eso de las 10″. La canción se llama “Melancolía” y forma parte de Una temporada en el amor, flamante sexto disco del grupo. Y aunque ahora vive en ese punto de Palermo, entre la muchedumbre de Pacífico y la high class de Libertador, tiene planeado alquilarse un bulo en el Abasto, el barrio que inspiró gran parte de su obra: “Quiero que sea un lugar de trabajo. Tengo cabeza de escritor y la geografía incide muchísimo, es mi cable a tierra”, asegura mientras explica su fascinación por esa parte de la ciudad. “Ese barrio conjuga gran parte de la personalidad de lo que yo siento como Buenos Aires. Empedrado, teatros independientes y la mística de que allí vivió Gardel. Siento la misma devoción extraña por los pueblitos del Uruguay, algo detenido antes del neoliberalismo.”
¿Moretti anacrónico? “Estoy feliz con vivir la época que me toca. Pero amo la bohemia y, cuando estoy aburrido, quisiera tener reuniones con poetas, escritores, directores de cine.” El amor por la bohemia no se contradice con la alta difusión radial que su grupo alcanzó con Sistema nervioso central (2006) y que ahora aspira a repetir: “Aunque da miedo y culpa, quiero seguir sonando en las radios. Laburamos pensando en que el disco anterior sonó mucho, y queremos estar a la altura. Antes no escribía estribillos. Tal vez porque algunas canciones son muy íntimas, como una carta con armonía y melodía, y sentía que no lo necesitaban”, explica. Cuando el narrador y poeta Fabián Casas lo escuchó cantando esas canciones con su guitarra, una noche en El Nacional, dijo: “Esto es Leonardo Favio”. Moretti lo cuenta orgulloso y feliz.
¿Cómo surgió tu fascinación por Favio?
Lo que más me interesa de Favio, como cineasta, es cómo logra traducir un mundo propio ligado con una cosa derivada del interior de la Argentina, cómo le pone lenguaje a un montón de situaciones muy cotidianas y que se relacionan con el encuentro y el desencuentro, con una época, con una representación social. Sus canciones más conocidas son muy representativas de mi temprana adolescencia: un montón de melodías que tienen que ver con el pop de los 70 en la Argentina y que me relacionan con mi propia formación. El nació en Mendoza….
¿Y cómo se relaciona eso con tu obra?
Viví hasta los 17 años en Junín, en el interior de la provincia de Buenos Aires, y eso aparece en canciones como “Superacción” o “Viaje a Irlanda”. Creo que esa iconografía me relaciona con Leonardo Favio. Hay muchas imágenes mías que están desprendidas de diversas épocas de mi lenguaje personal y testimonial. Yo me hago cargo completamente de la línea melódica, de la composición, de los versos. Leonardo, en este caso, funciona como mi álter ego. Pero hay una parte mía que es la más intimista, que Estelares retraduce en canción y la pone en los discos a través de Juanchi [Baleirón], y después sale a las radios.
¿Cuál es la mayor virtud de Juanchi como productor?
Sopesar toda la dinámica de la banda: ordenar y direccionar lo que Estelares da. Estamos más distendidos y metiéndonos en lugares nuevos todo el tiempo, dentro de nuestro mundo clásico. A él le gusta interactuar con grupos, como una especie de seudopsicólogo estético-musical. Saca lo mejor de nosotros y apelmaza la idiotez.
¿Sos tan melancólico como tus canciones?
Me parece que soy peor que mis canciones. La melancolía tiene que ver con mundos de pertenencia, obtenidos, imaginados o perdidos. No soy el melanco crónico, pero sí de un montón de sensaciones e imágenes, sentimientos que suelen ser esquivos por la dinámica social. La melancolía es psicoanalítica y tiene que ver con la carencia y el motor del deseo. Por eso, más que melanco, Estelares es épico.

Por Humphrey Inzillo
Rolling Stone

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Critica del disco en Rock.com.ar

“Le di mi vida a las canciones y no me arrepiento” es la frase centrífuga de la que se desprende cada una de las letras del sucesor de “Sistema nervioso central”. Es que “Una temporada en el amor” de Estelares es precisamente eso… una temporada al borde de ¿la consagración?

“Una temporada en el amor”, Estelares
Infalibles hits en sintonía mid tempo, que van a taladrar las cabezas en las radios y todos los lugares donde suenen baladas copiosas, como lo hiciesen “Ella dijo” o “Aire”, con sus melodías pegajosas y una lírica poético-urbana del songwriter Manuel Moretti.
De lo que no queda la menor duda es que los platenses revalidaron su título de banda mimada, generando una impaciencia ansiolítica por este nuevo trabajo, y cumpliendo con ciertas expectativas. “Cristal” es de esas que van a sonar y sonar hasta el hartazgo. “Melancolía”, en cambio, la bella balada eléctrica, de mucha calle y desamor. Claro que “Temporada…” está atravesado por las guitarras dulzonas (que a veces se despachan con destellitos de rock) de Víctor Bertamoni y la gola nostálgica de Moretti, bien representadas ambas, en la lacrimosas “Las trémulas canciones” y “Máscaras”.
Algún resabio “decadente” regurgita a la tierna “Mil abejas”, al mejor estilo Perro Serrano (LAD) invitado deluxe en “Sistema…”, rubro que elevó la jerarquía con la presencia inviolable de Fito Páez en la funky-abolerada “Autobuses”.
En definitiva “Una temporada en el amor” es un álbum de canciones agradables de las cuales es muy difícil escapar por la ambigüedad de poesía y sencillez que encierran en sus versos, con los que es muy difícil no identificarse. Dicen que Moretti las escribió varios años atrás, embebido por los tangos y las desilusiones de la vida y ahora salen a la luz en el momento, quizás más brillante de la banda.

Rock.com.ar

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