Cobertura del nuevo disco

Entrevista en Rolling Stone

Habla Manuel Moretti de Estelares
El cantante da cuenta de su fascinación por Leonardo Favio y reflexiona sobre la bohemia anacrónica.

La cuestión geográfica ocupa un lugar importante en la cabeza de Manuel Moretti, cantante y compositor de Estelares, que escribe, por ejemplo, “un avión recolector es la escena en esta función, calle Anchorena a eso de las 10″. La canción se llama “Melancolía” y forma parte de Una temporada en el amor, flamante sexto disco del grupo. Y aunque ahora vive en ese punto de Palermo, entre la muchedumbre de Pacífico y la high class de Libertador, tiene planeado alquilarse un bulo en el Abasto, el barrio que inspiró gran parte de su obra: “Quiero que sea un lugar de trabajo. Tengo cabeza de escritor y la geografía incide muchísimo, es mi cable a tierra”, asegura mientras explica su fascinación por esa parte de la ciudad. “Ese barrio conjuga gran parte de la personalidad de lo que yo siento como Buenos Aires. Empedrado, teatros independientes y la mística de que allí vivió Gardel. Siento la misma devoción extraña por los pueblitos del Uruguay, algo detenido antes del neoliberalismo.”
¿Moretti anacrónico? “Estoy feliz con vivir la época que me toca. Pero amo la bohemia y, cuando estoy aburrido, quisiera tener reuniones con poetas, escritores, directores de cine.” El amor por la bohemia no se contradice con la alta difusión radial que su grupo alcanzó con Sistema nervioso central (2006) y que ahora aspira a repetir: “Aunque da miedo y culpa, quiero seguir sonando en las radios. Laburamos pensando en que el disco anterior sonó mucho, y queremos estar a la altura. Antes no escribía estribillos. Tal vez porque algunas canciones son muy íntimas, como una carta con armonía y melodía, y sentía que no lo necesitaban”, explica. Cuando el narrador y poeta Fabián Casas lo escuchó cantando esas canciones con su guitarra, una noche en El Nacional, dijo: “Esto es Leonardo Favio”. Moretti lo cuenta orgulloso y feliz.
¿Cómo surgió tu fascinación por Favio?
Lo que más me interesa de Favio, como cineasta, es cómo logra traducir un mundo propio ligado con una cosa derivada del interior de la Argentina, cómo le pone lenguaje a un montón de situaciones muy cotidianas y que se relacionan con el encuentro y el desencuentro, con una época, con una representación social. Sus canciones más conocidas son muy representativas de mi temprana adolescencia: un montón de melodías que tienen que ver con el pop de los 70 en la Argentina y que me relacionan con mi propia formación. El nació en Mendoza….
¿Y cómo se relaciona eso con tu obra?
Viví hasta los 17 años en Junín, en el interior de la provincia de Buenos Aires, y eso aparece en canciones como “Superacción” o “Viaje a Irlanda”. Creo que esa iconografía me relaciona con Leonardo Favio. Hay muchas imágenes mías que están desprendidas de diversas épocas de mi lenguaje personal y testimonial. Yo me hago cargo completamente de la línea melódica, de la composición, de los versos. Leonardo, en este caso, funciona como mi álter ego. Pero hay una parte mía que es la más intimista, que Estelares retraduce en canción y la pone en los discos a través de Juanchi [Baleirón], y después sale a las radios.
¿Cuál es la mayor virtud de Juanchi como productor?
Sopesar toda la dinámica de la banda: ordenar y direccionar lo que Estelares da. Estamos más distendidos y metiéndonos en lugares nuevos todo el tiempo, dentro de nuestro mundo clásico. A él le gusta interactuar con grupos, como una especie de seudopsicólogo estético-musical. Saca lo mejor de nosotros y apelmaza la idiotez.
¿Sos tan melancólico como tus canciones?
Me parece que soy peor que mis canciones. La melancolía tiene que ver con mundos de pertenencia, obtenidos, imaginados o perdidos. No soy el melanco crónico, pero sí de un montón de sensaciones e imágenes, sentimientos que suelen ser esquivos por la dinámica social. La melancolía es psicoanalítica y tiene que ver con la carencia y el motor del deseo. Por eso, más que melanco, Estelares es épico.

Por Humphrey Inzillo
Rolling Stone

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Critica del disco en Rock.com.ar

“Le di mi vida a las canciones y no me arrepiento” es la frase centrífuga de la que se desprende cada una de las letras del sucesor de “Sistema nervioso central”. Es que “Una temporada en el amor” de Estelares es precisamente eso… una temporada al borde de ¿la consagración?

“Una temporada en el amor”, Estelares
Infalibles hits en sintonía mid tempo, que van a taladrar las cabezas en las radios y todos los lugares donde suenen baladas copiosas, como lo hiciesen “Ella dijo” o “Aire”, con sus melodías pegajosas y una lírica poético-urbana del songwriter Manuel Moretti.
De lo que no queda la menor duda es que los platenses revalidaron su título de banda mimada, generando una impaciencia ansiolítica por este nuevo trabajo, y cumpliendo con ciertas expectativas. “Cristal” es de esas que van a sonar y sonar hasta el hartazgo. “Melancolía”, en cambio, la bella balada eléctrica, de mucha calle y desamor. Claro que “Temporada…” está atravesado por las guitarras dulzonas (que a veces se despachan con destellitos de rock) de Víctor Bertamoni y la gola nostálgica de Moretti, bien representadas ambas, en la lacrimosas “Las trémulas canciones” y “Máscaras”.
Algún resabio “decadente” regurgita a la tierna “Mil abejas”, al mejor estilo Perro Serrano (LAD) invitado deluxe en “Sistema…”, rubro que elevó la jerarquía con la presencia inviolable de Fito Páez en la funky-abolerada “Autobuses”.
En definitiva “Una temporada en el amor” es un álbum de canciones agradables de las cuales es muy difícil escapar por la ambigüedad de poesía y sencillez que encierran en sus versos, con los que es muy difícil no identificarse. Dicen que Moretti las escribió varios años atrás, embebido por los tangos y las desilusiones de la vida y ahora salen a la luz en el momento, quizás más brillante de la banda.

Rock.com.ar

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Reseña del disco en Inrockuptibles

Admirados y cada vez más populares los Estelares nunca la tienen fácil, ni aún así con todo a favor. Cómo dar la cara después de Sistema Nervioso Central (2006), sabiendo la regla que después de un disco exitoso viene algo no tan bueno. Cómo superar la gracia de aquel disco de bordes perfectos, con simetría en cada estribillo y poesía romántica por donde se lo mire. Parte de la clave de Una Temporada en el Amor es la recuperación de viejas canciones que Estelares le cantaba a un público emocionado que se desvanecía en halagos y consideraba injusto el destino de la banda.
Como el vals Autobuses (con Fito en piano y voz) y Cristal; compuesta por Moretti hace varios años, cuando no imaginaba que Calamaro, Serrano y Páez, tres orfebres de la canción popular, se sentarían un día para cantar a su lado. O Melancolía, un trazo de sabiduría enmarcada en la guitarra beat de Víctor Bertamomi, este pupilo de Harrison que no falla jamás. Aquí están los temas que le sacarán una sonrisa a la FM mientras su autor se confiesa…“le di mi vida a las canciones, y no me arrepiento”.
Es que no sucede muy a menudo, pero a veces la historia espera. El caso de Estelares viene siendo materia de análisis desde que volvieron con el brillante Ardimos a finales de 2003. ¿Dónde se habían metido después de Amantes Suicidas (1998)? ¿Qué les había pasado a estos muchachos que mezclaban Television con Nino Bravo? Bueno, mientras la incógnita de su paradero crecía, Manuel Moretti se desarmaba en canciones intensas que pudieron ser guardadas en algún refugio de su corazón. Hoy varias de ellas se conocen para el gran público, que a su vez recibe como propias las que fueron llegando recientemente, de misma y probada calidad.

Ariel Valeri

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Estelares: el melancólico profesional

Manuel Moretti, cantante, compositor, líder y rufián melancólico, exhibe su repertorio de amores perdidos. Y también su notable capacidad para la canción.


Después de Sistema Nervioso Central (2006), el disco que los puso en la radio y que embelesó a musicalizadores de programas deportivos y noticieros, Estelares no mostró signos del vértigo de jugar en primera. Sin ningún atisbo de vo lantazo (por suerte; nada peor que el disco pretencioso inmediatamente después del éxito popular), siguen profundizando el estilo que patentaron desde Extraño lugar (1996): un mix de estribillos que se clavan en la memoria emotiva, estructura beatle, cadencia y fraseos tangueros y una poética basada en la evocación de lo perdido y en viñetas cotidianas que contemplan el desfile de nombres propios o situaciones puntuales reconocibles: si ayer fueron Oscar De la Hoya o Ava Gadner, en Una temporada… es Diego Maradona en una foto del Mundial 86 o el Cine de Superacción de las tardes de los sábados de Canal 11.

Manuel Moretti es el cantante, es el autor de las canciones, es el que habla en las entrevistas. Y un melancólico profesional. Autodefinido “bohemio”, conoce perfectamente las argucias de la canción y hace de la melancolía el eje de su obra. Es más: hasta hay un tema titulado Melancolía, para que quede claro. El disco se puebla entonces de frases que, todas juntas, muestran el poder lírico de Moretti pero también cierto subrayado que deja adivinar la hilacha: playas del pasado, vida en hoteles, hojas grises, hojas de abril, ventanas azules, rutas al norte, whisky con soda…

Con citas autorreferenciales (Estelares es cada vez más la banda “de” Moretti), el disco funciona como un link entre bandas pop como Los Tipitos y Súper Ratones y la canción de autor existencial y poco pudoroso en la exhibición de sus cuitas, toda una tradición en el rock argentino, de Charly García a Fito Páez y Andrés Calamaro.

Más allá de estas consideraciones, habrá que decir que el nivel es alto, que las canciones tienen criterio orgánico y una buena dosis de densidad, suenan pulidas y exponen cierto grado de madurez. Con la certera producción artística de Juanchi Baleirón y la participación de Páez, Ariel Rot y Súper Ratones, y mientras las grandes bandas implotan en atajos solistas, Estelares muestra salud, actitud y una extraña arrogancia solapada debajo de la melancolía. Y muchas canciones de las buenas.

Mariano del Mazo
Clarín

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Porciones de vida convertidas en canciones

El grupo platense vivió su noche más convocante en Córdoba. Presentó el disco “Una temporada en el amor”.

Una gran convocatoria se hizo presente en la Vieja Usina el viernes a la noche. El motivo: la presentación de Una temporada en el amor, último y flamante trabajo de Estelares.

Cerca de las 22, y mientras la expectativa crecía, Bicicletas brindó un show de power pop progresivo, entre el preciosismo y la furia, con leves toques de electro. Ellos también presentaban un disco: Quema, salido a las bateas hace pocos meses.

Con la tapa de Una temporada… haciendo de telón de fondo, Estelares subió a las tablas ya pasadas las 23, ante un público que se aproximaba a las tres mil personas.

Sin lugar a dudas, ésta fue una de las fechas más concurridas de las que vivió la banda en Córdoba, ciudad que supo recibir a los platenses desde muy temprano, antes que emergieran los hits y la promesa de una nueva banda de estadios.

Exhibiendo la síntesis alcanzada por el grupo en su reciente álbum, el show de la Usina estuvo poblado de idas y vueltas por distintas épocas, algo poco explotado en anteriores conciertos, y evidencia clara de que Estelares puede transitar sin culpas por su propio universo; la banda posee un cancionero auténtico, atemporal y prolífico.

En ese sentido, el show largó con Aire y Eléctricos duendes (de Sistema nervioso central), siguió con 20 de noviembre (de Extraño lugar), continuó con Como cría de leopardo (de Amantes suicidas) y después con Mariposas (de Ardimos), repaso breve y luminoso por todos los discos anteriores a Una temporada en el amor. La bienvenida a la nueva obra llegó de la mano de Las luces del sueño, potente hit que se debate entre el baile beat y la melancolía.

Alternativo y popular. Una de las grandes virtudes de Estelares ha sido la de poder combinar en un mismo repertorio una serie de homenajes al costado más under y alternativo del rock, junto a piezas deudoras de baladas trágicas de amor a lo Nino Bravo o Leonardo Favio; algo que Moretti dejó bien claro en Las trémulas canciones.

Tampoco faltaron los arrolladores hits autobiográficos (para las chicas) como Un show o Ella dijo (entre las nuevas, Hoteles sigue ese camino), y canciones oscuras y bellas (donde la banda bajó la intensidad de la máquina rockera, exhibiendo matices distintos e interesantes) como La ruta se ha roto, Un viaje a Irlanda o Superacción.

Además de agradecer al público cordobés por su fidelidad (y de quejarse por algunos adjetivos referidos al disco en la sección Miradas opuestas de este diario), Moretti dejó claro que la consagración ya es una realidad: “Grabamos con Fito, con Andrés, con Jorge (Serrano). Sólo nos falta hacerlo con Charly y Luis”. Tiempo al tiempo.

Javier Mattio
La Voz del interior

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“Favio sigue siendo el más grande”

El cantante y principal compositor de Estelares, Manuel Moretti, habla del nuevo disco del grupo, “Una temporada en el amor”. La imprescindible influencia del artista mendocino Leonardo Favio en la banda se advierte en nuevas canciones que prometen sonar en todos lados.

Prometen volver a Mendoza, al tiempo que confiesan su idolatría por Leonardo Favio. El regreso de la mejor canción melódica.

Manuel Moretti se anima a poner título a esta nota: “Larga vida a la canción popular”, aunque la frase también le gusta para un próximo disco de Estelares; como también le gustaba “El mundo de Leonardo Favio” para bautizar al flamante y quinto álbum de la banda, aunque finalmente le puso “Una temporada en el amor”.

Sí, así, no muy lejos de sus admirados Favio, Sandro, Nino Bravo y Roberto Carlos, con un conjunto de composiciones “de autor” que continúan la militancia cancionera de Moretti.

¿Pero se trata de un disco “romántico”? El cantante de Estelares lo desmitifica en este diálogo con Los Andes por e-mail: “La idea es la del amor como construcción, no como lo que básicamente se entiende por amor, que es amor de pareja. Hay amores tan o más bellos, como el amor filial, el amor a una profesión, el amor a los afectos mas íntimos”. (…)

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Reseña del disco en 10 Música

El cuarteto de La Plata da un salto de calidad, se supera a sí mismo y regala uno de los mejores álbumes nacionales de 2009

Con Sistema nervioso central, su álbum anterior aparecido en 2006, Estelares pasó de ser una promesa a una realidad constante y sonante. Como pocas veces, prensa especializada y público aunaron sus criterios para echar loas sobre sus cálidos, perfectos y encantadores temas.

Una mayor difusión radial y una asistencia perfecta en cuanto festival se les puso por delante colaboraron para que su propuesta – sostenida en logradas melodías que combinan el sonido guitarrero de Television con aires tangueros y la impronta del rock argentino más clásico (Litto Nebbia, García, Páez, Andrés Calamaro) – arribara a niveles más altos y a oídos nuevos.

La “pregunta del millón” entonces no tardó en surgir: ¿cómo hacer para, al menos, igualar los resultados de Sistema nervioso central? Sin desesperarse, el cuarteto de La Plata da la respuesta en “Melancolía”, el segundo track del “recién nacido” Una temporada en el amor, cuando, a modo de declaración de principios, canta: “Le di mi vida a las canciones y no me arrepiento”. Ni más ni menos. En lugar de enfrascarse en la búsqueda de alguna rara fórmula para llamar la atención, de cambiar por cambiar o de hacerse los difíciles y ambiciosos porque sí, Estelares se refugió en su más preciado tesoro – su habilidad para despachar melodías de una belleza y simpleza inolvidables – y le dio una vuelta de tuerca a partir de la madurez y de una mayor experiencia adquiridas en estos últimos y auspiciosos años. (…)

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“Siempre estuvimos al servicio de la canción”

La banda de rock platense volvió al disco con “Una temporada en el amor” tras el exitoso “Sistema nervioso central”.
Con su anterior disco, “Sistema nervioso central”, Estelares dio el salto a la popularidad. Desde entonces, el tiempo se encargó de poner en su lugar a la banda de rock platense: un grupo que sabe cómo construir canciones deliciosas. Hoy con su nuevo álbum, “Una temporada en el amor”, no paran de dar notas y su cantante y letrista Manuel Moretti no deja de remarcar que son un grupo de músicos al servicio de la canción.

Estelares, que esta noche, a las 22, toca en el teatro Lavardén, continúa puliendo uno a uno sus temas. Un viejo oficio que le demandó unas 50 canciones y 15 años de camino. “Las canciones fueron mi linterna, me guiaron en la vida”, dice Moretti en medio de la charla con La?Capital. El músico nació en Junín, siendo adolescente clavó ancla en La Plata y ahora vive en Buenos Aires.

Para Moretti su carrera en la música comenzó “con una gran necesidad de expresión”, en una época de su vida “muy catárquica, chiflada y caótica, fue un buen ejercicio para componer canciones y para armar bandas”.

(…)

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Entregar la vida a la canción

El cuarteto da un paso más allá de Sistema Nervioso Central con un álbum de alto nivel, que demuestra su capacidad de construir identidad propia en un terreno tan dado a los lugares comunes como la canción rock.

“Le di mi vida a las canciones, y no me arrepiento”, canta Manuel Moretti en “Melancolía”. Es una de esas frases que se adoptan de inmediato, pequeña gran filosofía hecha melodía: es la segunda canción de Una temporada en el amor, apenas han transcurrido seis minutos desde el comienzo del nuevo álbum de Estelares y ya alcanza para saber que se está ante un gran disco. Puede parecer una exageración, otro ejemplo de la fascinación que la prensa tiene con la banda de Junín/La Plata/Buenos Aires desde los tiempos de Extraño lugar y sobre todo a partir del magnífico doblete de Ardimos y Sistema Nervioso Central. En el medio suele menearse el “verbo” hypear, mucho más ajustado que el castellano inflar, pero la calidad de canciones como “El último beso”, “Moneda corriente”, “De la Hoya”, “Ella dijo” o “Luxemburgués” exime de cualquier inflador artificial: Estelares creció solo. Aunque el Sindicato del Cinismo enarque las cejas, a la hora de diseñar un mapa del rock argentino en el final de la primera década del siglo XXI no se puede prescindir de ellos.
El cantante y guitarrista Moretti, el violero y coequiper compositivo Víctor Bertamoni, el bajista Pablo Silvera y el baterista Carlos Sánchez transitan un camino difícil pero lleno de atajos fáciles, el de la canción rock. Hay toda una tradición al respecto en la escena local, pero también infinidad de lectores del librito Canción rock para dummies. El cuarteto, sin embargo, se desmarca, quema ese libro en su propio fuego, se aleja de la cosa calamaresca y el versito flojo del “rock and roll de verdad”, y construye su identidad a partir de sabias combinaciones armónicas y melódicas –donde mayores y menores no son equipos de fútbol rivales, y pueden fundirse dibujando extraños paisajes–, un sólido sonido guitarrero y una destacada capacidad para producir emoción sin cursilería. Vaya como ejemplo “Mil abejas”: Moretti no es el primero ni será el último en tomar la guitarra para cantarle al milagro de una hija, pero la sencillez de la frase “Debe ser que no hay mayor verdad que tu amor” no produce empalago, sino un genuino nudo en la garganta. Esos versos de amor para Juana se combinan con la demoledora, intensa “Un viaje a Irlanda” para poner una doble cereza en la torta, cerrar el paquete por todo lo alto: “Veinte años no es nada si hubiesen sido decentes”, tira el cantante, desactivando como al pasar décadas de mito sobre el paso del tiempo.
Claro que antes de eso el grupo fue construyendo pacientemente su edificio de canciones, con eje en ese “sexto B” que aparece con recurrencia similar a la que Moretti exhibe al preguntarse sobre su condición de amante fiel, farsante, impostor o truhán: dudas existenciales que le dan la firmeza musical para dejar caer perlas brillantes como “Autobuses”, uno de los muchos corazones del disco. Allí, el grupo suma a un invitado de lujo como Fito Páez, que deja a un lado todo exceso particular para integrarse al grupo, apropiarse de una estrofa pero también prestarse a un inolvidable dueto de voces con Manuel. Es otro estribillo que se queda a vivir en el marote, en un disco que abunda en ellos: no puede decirse otra cosa de “Las trémulas canciones”, donde Ariel Rot colabora para una tanada romántica que no se traduce en grasada, o la urgencia de “Las luces del sueño” o la dulce desesperación de “Máscaras” o el rapto-Virus de “No hay más”, escrita por Silvera.
Para los amantes del rockito “hacia arriba”, Una temporada en el amor ofrece el single inevitable, que engancha de inmediato y –lamentablemente– caerá presa del hartazgo de la heavy rotation: aun así, por un tiempo será difícil sustraerse a la potencia de ese “Somos tan frágiles/ tan memorables, ves?”. Potente, también, es la épica de “Los ’90” (como “Tanta gente”, personal retrato de la era de Carlos Saúl I), las guitarras alla Adrian Belew de “4 Chicos” o la pintura de un gélido país de “Superacción”.
Y así, con el aporte de Juanchi Baleiron –el productor que supo cristalizar de una vez y para siempre el núcleo sonoro de la banda–, las guitarras de Sebastián Escofet y las teclas de Eduardo Minervino, Estelares le pone la firma a un opus 5 que los encuentra en plena madurez, tan convencidos de lo suyo como para evitar los atajos facilongos, para entregarle su vida a las canciones y no arrepentirse. Y, de paso, convencer a quien tenga la oreja atenta de que vale la pena subirse al mismo autobús: que sea una larga temporada.

Eduardo Fabregat
Página 12

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Tapa Diario de Rock De Garage

Manuel me recibe en un viejo primer piso de la calle Jean Joures, en el barrio del Abasto. Ya no vive en la zona, pero este depto hoy es el pretexto para regularizar sus rutinas de composición. El lugar en donde el cráneo de Estelares planeará el rumbo musical de los próximos años es amplio, aunque angosto y alargado. Habitación, cocina y un estar que se abre paso sobre uno de los extremos, con ventana a la calle que alimenta de luz el espacio. Todavía desamoblado, reposan sobre el piso de madera dos sillas y un reproductor de audio a estrenar. En este mismo lugar, como viene haciendo desde hace algunos días, Moretti recibe en plan de anfitrión a un puñado de periodistas para mostrar la última obra de Estelares; un poco para contar la experiencia y el sentido de esas canciones, y otro poco para asegurarse que lo que tiene entre manos es el mejor disco que haya hecho en su vida.
“El otro día me di cuenta que en realidad me volví mas constructivo”, dice Manuel, dejando que la luz de la ventana se estrelle contra sus anteojos. “El estar solo, o ser un narcisista, o un investigador, o un lunático, hace que a veces te importe todo un pito, ni siquiera metiéndote con el otro, incluso con uno mismo. La diferencia es que al estar mas contenido por mi profesión, por haberme convertido en padre, si te haces cargo del amor material, lo primero que te das cuenta es que ya no estas solo”.
Y si acá hay alguna verdad es que Manuel hoy esta menos solo que nunca: vive en pareja, tiene una hija de tres años, una banda respetada y un batallón de canciones que está a punto de explotar en el oído de miles de argentinos. Es por eso que en el presente de Moretti la palabra “amor” suena con tanta fuerza, no solo desde el título de su nuevo disco. “Una temporada en el amor” presupone un presente estable, un retiro placentero. “Pero en este disco no esta el amor de pareja”, explica él. “Es el amor como construcción, y eso también tiene que ver con uno de los temas que dice ‘Le di mi vida a las canciones y no me arrepiento’. Y eso es amor, ¿entendes?”.
Durante las próximas dos horas de entrevista, Manuel irá apretando play y stop, comentará las canciones, se levantará, irá a la cocina, cebará mate, fumará, mirará por la ventana y hasta se seguirá conmoviendo. Es que ahí, en ese precario CDR esta lo que pronto –diez días al realizarse esta entrevista- saldrá a la calle y dejará de ser tan suyo: sonará en el Ipod, la radio, la PC o el reproductor de un número impensado de personas.
“Me parece que lo que más nos contiene ahora es el oficio”, vuelve reflexivo. “Cuando haces lo que haces durante tantos años, y le pones lo que le pones, y además lo haces todo el tiempo, todos los fines de semana, te convertís en jugador de futbol, ¿entendes? Creo que tenemos oficio, que es otra cosa que el talento. Son dos libros diferentes. Vos podes tener talento y no querer hacerte cargo del oficio. El éxito y el oficio hacen que vos justamente desarrolles y mejores tu talento”.
Pero el talento ya existía… Pienso en canciones como “Cristal” o “Las luces del sueño”, que tienen más de quince años…
-Exactamente. Pero vos ahora tenes a la banda aceitada, reconociendo el lugar de cada uno; a un productor artístico que te suma y a una compañía que te pone como prioridad… Todo eso va haciendo una continuidad de laburo. En el caso de “Cristal”, el verso es del 91’, tiene otro tempo y yo le encontré un estribillo nuevo. Entonces es un poco de antes y un poco de ahora. Si vos me decís, cuando yo la escucho sin estribillo es linda, pero algo le falta. Me parece que quedó buenísima.
Durante buena parte de “Una temporada en el amor”, Estelares trabajó con viejas canciones de Manuel; algunas que vienen de la época de Peregrinos (su anterior proyecto) y otras que habían sido grabadas de manera íntima, en una portaestudio y que terminaron formando parte de su propio Salmón: ese registro tan espontáneo y caótico, por momentos oscuro y denso titulado “La mañana del aviador”. Casi un acto de justicia para un buen número de canciones que se perdieron en el registro precario de una década infame.
¿Cómo notas al Moretti compositor de los 90’ y al de ahora?
-Antes estaba mucho mas atravesado por una angustia personal, muy narcisista, de saber que tenía algo entre manos y no sabía cómo resolverlo. Sabía tirar material, componer mucho; de hecho sigo yendo para atrás porque considero que hay canciones que están buenísimas y todavía quiero grabar. Pero cuando esto se convierte en tu profesión, y te da de comer, y te levantas a la mañana para salir, o para componer, o para grabar, hay como un clic en la manera de entenderlo. Esto de venirme acá para componer con más regularidad tiene que ver con eso: yo siempre compuse mucho, pero estos últimos tres años solo grababa ideas, pero no podía componer.
Más allá del peso autoral de Moretti sobre la obra general de Estelares, hoy ya resulta evidente el rol de la banda en la construcción musical. Solo basta con recurrir al disco solista de Manuel o buscar en las viejas grabaciones de Peregrinos para ver cómo Estelares reconfiguró ese cristal en bruto que proviene del pulso creativo de su cantante. Es por eso que “Una temporada en el amor” es la muestra de un proceso en donde Estelares hace de Estelares, aún sin repetir fórmulas.
“La banda mejoró compositivamente, yo mejoré compositivamente, y le damos importancia a elementos que antes no le dábamos mucha bola”, dice Manuel. “Este disco tiene 4 o 5 temas que vienen del menemato, mas “Autobuses”, que son canciones muy cargadas. Están tocadas igual que como fueron compuestas, pero la banda las agarró y las hizo impresionantes, como para tocarlas ante cinco mil personas. Ese tipo de cosas es nada más y nada menos que una dinámica de laburo, del conocimiento de los palos, del conocimiento de los medios, de la gente. Te da alegría y tranquilidad… y en tipos como nosotros que nos importa un choto dormirnos en los laureles porque no nos interesa andar alardeando de lo que hicimos, te da seguridad para seguir trabajando”.
¿No estuvo la sombra de las canciones de Sistema Nervioso Central a la hora de crear nuevas?
-No… Vos fijate que en “Sistema Nervioso…” esta “Un día perfecto”, “Eléctricos duendes” y “Un Show”, en donde yo me pongo a jugar con historias. En cambio este disco es más testimonial, es más cargado: la angustia y la gravedad de Moretti, ¿entendes? Sistema nervioso estuvo bueno porque fue terminado, redondito… Este es un poco mas como una bomba de papas.
Erguido como uno de los últimos poetas populares salidos de la cesta nacional, Moretti hoy ya es firma con destino de hit asegurado (¡Hasta la versión tropical de “Ella dijo” interpretada por Miguel Ángel rompe records de descargas!). Sistema Nervioso Central explotó con un manojo de cortes y “Cristal”, aún sin el disco en la calle, se puso al tope de los rankings radiales. Un presente demasiado fértil para un bohemio existencialista que un día se cansó de servir cafés en bares de La Plata y decidió apostarle a sus canciones.
“Si, en mi caso fue una decisión. Una decisión limítrofe porque en el año 99’ no quería laburar más de la gastronomía; me quise hacer cargo de las canciones y sabía que había que salir de 32”, explica a la distancia. “Yo creo que la 32 es como un elástico, que a veces te lo chocas y te vuelve a tirar para adentro. Entonces en un momento determinado dije: La Plata me formó, me educó, me dio muchísima contención, me dio una tonelada de ideas, pero es momento de salir y me vine para acá. Estuve como tres años con algunos shows de Estelares, algunos shows solo, con el favor de un montón de amigos y músicos de acá que me cobijaron y me dieron incluso un estudio de grabación, en donde grabé “Ella dijo”, “Campanas”… Bastantes temas que después terminaron en Sistema Nervioso Central”.
“Yo creo que estuvo la intención de dejar de ser una banda de culto, por más que ser una banda de culto es precioso, pero quería que hubiera más orejas que se enteraran de lo que hacíamos. Y con el riesgo de que al hacerte popular piensen que te volviste un pelotudo”.
Mientras pasan los temas, con “Melancolía”, “Autobuses” o “Superacción”, Estelares demuestra la desglose de una fórmula de búsqueda musical, sin caer en un autoretrato: este disco resulta por momentos luminoso, denso (“cargado”, como le gusta decir a Manuel) y testimonial, con canciones que apilan méritos como para luchar el título honorario de corte. ¿Fórmula de canción letal? Algo así: una banda llena de ideas musicales (un Víctor Bertamoni inspiradísimo en las seis cuerdas y las bases de Pablo Silvera y Carlos Sánchez que se renuevan sobre cada track) y un Moretti cada vez más cercano a la canción popular. Después de todo, “El mundo de Leonardo Favio” –que parecía ser el título definitivo del álbum- no hubiese sido nada desubicado.
“Empecé a darme cuenta que los tipos que más admiraba y que más me emocionaban eran Leonardo Favio, Sandro…”, cuenta. “No te hablo de los que me han influenciado constructivamente como Spinetta, Miguel Abuelo, o los tangueros. Pero me di cuenta que los tipos que mas me gustaban eran los cantantes populares”.
Después de “Sistema Nervioso Central” como un paquete certero e infalible para cualquier ranking de FM, el trabajo del perico Juanchi Baleirón parece ser la tuerca definitiva en el acabado musical de Estelares. “Juanchi abre la oreja, presta atención y después sí hace comentarios. El tiene su concepto, pero labura con tus ideas. Entonces terminamos todos bastante involucrados y resolviendo, formando parte de todo. Es un laburo de los cinco, pero con la capitanía de Juanchi. A los primeros que les muestro material es a Juanchi y a Víctor, para después arrancar”.
“En una banda en donde hay un autor muy fuerte, un productor no puede ir en contra de él porque se queda fuera del disco. ¿No me va a dejar grabar las canciones que mas me gustan? No tiene sentido…”, dice Manuel.
¿Se puede pensar hoy un disco de Estelares sin Juanchi?
-Si, yo creo que si. Hasta ahora hemos estado muy bien, pero seguramente llegue el momento de laburar sin Juanchi. Incluso hasta por aventura de banda, como aprendizaje. Es probable que en algún momento queramos hacer nuestro propio ejercicio de producción. Aunque nosotros lo hicimos en nuestros dos primer discos, que son muy buenos, super hippies…
¿Se buscó un equilibrio entre las canciones más densas y más luminosas en este disco?
-Creo que todas las canciones de Estelares son luminosas… En realidad se impusieron las canciones de más peso autoral. Después la banda obviamente las puso ahí. “Superacción”, por ejemplo, le gustaba a Víctor y a Pali desde hace un montón, desde “La Mañana del aviador”, y bueno, ahí esta. Es breve, es pseudo oscura… Pero no creo que busquemos el equilibrio. Sí es cierto que queríamos canciones con bit más como “Cristal” y “Melancolia”. En realidad se forma todo a través de la personalidad de las canciones, porque hasta ahí llega la figura del fútbol: vos tenes un equipo y los titulares se van ganando el puesto.
Alguna vez dijiste que las canciones te habían salvado la vida. Hoy las canciones te están haciendo vivir como siempre quisiste…
-Me sostienen. Es componer y aprender a grabar canciones. Eso es lo que me sostiene. Yo creo que me salvaron la vida porque fue uno de los lenguajes que me relacionó con la cultura, con lo social. Yo empecé con esto porque estaba mas loco que una cabra y de a poco todo fue tomando su carril hasta que se convirtió en profesión. Pero no arrancó como profesión, arrancó como salvataje; algo catártico, acción y reacción. Así empecé cuando tenía 21 años. Después decido que empiece a ser mi profesión cuando me doy cuenta que me salían canciones y que a la gente algo le gustaban.
Y esas canciones hoy posicionan a Estelares como una de esas bandas nacionales capaces de entrar en el oído de cualquiera: desde tu abuela hasta tu hija, aunque detrás de esa melodía contagiosa se encarne un dolor existencialista o una lucha maldita en contra de la melancolía.
“Me parece que este disco tiene que ver con un lugar en la construcción, porque el amor es tanto lo bueno que te puede dar, como el amor que enseña, que te forma y que es cruento. El amor que sana y el amor que mata”, dice Moretti. “Me parece que esta temporada es del amor, de la construcción, de esperanza, de creer en algo. Creer que si uno intenta construir, se puede”.

Juan Barberis
De Garage

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