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15 jul 2012

“Es un disco desprejuiciado”

Moretti habla de “El costado izquierdo”, en el que Estelares redobla la apuesta pop y popular junto a una troupe casual de invitados. También reivindica a Calamaro en Twitter.

Es un disco desprejuiciado

"Es un disco desprejuiciado"

La intensidad de las emociones y su correspondiente fuente física, corporal, parece ser ya una constante en la marca poética de Estelares. Huella que se refleja en su discografía con títulos amoroso-vitales como Amantes suicidas o Ardimos y en el correlato biológico de ese Sistema nervioso central que regula los sentimientos o, ahora, en el corazón latiente del flamante El costado izquierdo, con su tapa visceral del órgano en cuestión a punto de ser deglutido sin culpas. Y, en el transcurso de seis discos y casi dos décadas de carrera, el pasaje de la banda platense del rock al pop, de la alternatividad a la canción, de la soledad a la madurez anímica.

Manuel Moretti, líder del por ahora trío tras la partida del baterista Carlos Sánchez, no duda en mencionar la palabra “canción” en cada una de sus respuestas, seguro de que tal diosa es el ideal que persigue hoy Estelares, y por eso en El costado izquierdo las guitarras bajan varios cambios para ceder a las cuerdas, los arreglos, las voces invitadas. Antes que “el corazón sobre todo”, el lema del grupo hoy es “la canción sobre todo”, rumbo ya previsto en Una temporada en el amor (2009), aunque, claro, corazón y canción sean sinónimos en el diccionario estelar.

¿Acuerda Moretti con que El costado izquierdo sea tal vez el disco más “pop” de la banda? ”La verdad que no soy muy bueno en el mundo de las etiquetas -dice-. Lo que sí me parece es que a cada tema le entramos desde un lugar desprejuiciado. Desde que armamos los demos nos subimos a lo que la canción mostraba, a lo que proponía. Por eso hay varios estilos, Doce chicharras es pop, Rimbaud es rockera, Aleluya es una balada épica, Islas es melódica, Playa unión es casi cinematográfica por las cuerdas, la orquestación y la historia que cuenta, hay una canción ‘Virus’ como Internacional… a mí me parece que es un disco heterogéneo, pensado para defender el capricho de las canciones. Es una nueva instancia”.

Si bien aún titilan momentos de vacilación introspectiva como el “he perdido toda mi fe” de Necesito, el tono general de El costado izquierdo es alegre. En él refulgen instantes de placidez dominguera (“estoy riéndome, son todos amigos”), mientras que el aislamiento parece ser cosa del pasado (“Si no me hubiese hundido / hoy no hablaría del amor”, “Un pasado de tormentas / de imbatible soledad”). Moretti no acepta del todo lo de la “alegría”, pero reconoce que el peso de la experiencia dicta otro cantar: “No somos muy festivos, es el mundo de la canción, es un sexto disco y eso supone abrir las compuertas de demasiados años de información y de aprendizaje”.

Y agrega: “Para muchos es un disco más alegre; a mí me parece que tiene menos relación con la soledad, o al menos la soledad está puesta de otra manera. Eso aparece en cada frase, Aleluya dice ‘Yo supe ser un vendaval de aves errantes’, y ese estribillo bien a propósito que dice ‘Aleluya total’, que es como decir ‘al fin puedo estar con alguien’, correrse de lo que siempre fue el desencuentro. Y todo en términos de la canción, no estoy hablando de mi vida.”

Luz y entraron
Muchos agradecimientos e invitados y colaboradores nutren el booklet de El costado izquierdo. Bunbury, Fernando Samalea, Ale Sergi, Alejandro Terán, Cuino Scornik, entre otros, le dan vida al nuevo órgano de Estelares. Otro nuevo despiste: el disco no es un alarde a la amistad, a la postal colectiva a la Sgt. Pepper. Por el contrario, la casualidad parece haber marcado el tono.

“En un principio era un disco al que no tenía pensado invitar a nadie”, devela Moretti, y sigue: “Pero siempre uno tiene la luz encendida y alguien pasa. Yo me había juntado con Ale Sergi y estaba bueno que cantara en Internacional, se dio después lo de Enrique (Bunbury), Diego García hizo las guitarras en Islas, también invitamos a Los Super Ratones a hacer coros y nos sorprendimos, hacen lo que quieren, y así se fueron sumando”.

El costado izquierdo es más bien un hijo de la urgencia”, continúa el cantante. “Nos habían pasado muchas cosas, Carlos había dejado la banda, había que resolver todo rápido, teníamos un trabajo que ya se había extendido casi un año, había que armar las canciones y a mí me costaba la sala de ensayo, no nos estábamos encontrando bien. Es difícil de explicar, pero es un disco que salió del centro del mundo estelar, es una continuidad y un nuevo aprendizaje”.

-¿En “Rimbaud” mencionan a Gardel y Cocteau por igual. ¿A qué responden las citas?
-Rimbaud es básicamente una canción homenaje a mis años iniciáticos, cuando llegué a La Plata y salía de la secundaria, a la formación e información de esa época. Es jugar con eso que fue precioso, la noche, el rock, el arte, los bares, los artistas, las drogas. Es un guiño a la amabilidad de esa época. Después hay nenes que en Twitter me escriben ‘Manuel, al final tuve que comprarme Una temporada en el infierno‘ (risas). Que está bueno, pero no era ese el plan.

-¿Qué les queda por conseguir?
-A mí me cuesta escuchar los discos que terminan, y yo con éste me sorprendí, estaba con mi madre y mi hija en el auto y ellas quisieron escucharlo, lo puse y lo escuché otra vez, y la verdad que me gusta, me emociona. Lo que yo espero es seguir grabando discos que nos cierren a nosotros. Después, claro, también es un enorme placer que le gusten a la gente.

-Esta vez decidieron encargarse ustedes de la producción, ¿cómo influyó eso en el resultado?
-Habíamos hecho nuestros últimos tres discos con Juanchi Baleirón, y en este último fue una decisión importante decir que lo queríamos producir nosotros. Me encantaba la apuesta porque suponía tener la palabra final. Por suerte lo resolvimos. Igual, la esencia siempre es decir “hagamos lo que nos encanta hacer, vamos a soltarnos y a divertirnos y a laburar”, ¿no?

-Recién mencionaste Twitter, ¿qué pensás de la gestión que hace Calamaro de su cuenta?
-Son cosas de Andrés, es un amigo y que haga lo que quiera. Lo leo y sé que se enoja por Twitter, porque lo insultan y demás, debe ser bastante insoportable que un montón de irrespetuosos te insulten. Un artista que nos ha dado tanto y la gente se dedica a molestarlo; así somos los argentinos, nos dedicamos a molestar a la gente que hace algo bien. Andrés es un escritor de canciones preciosas, deberían dejarlo en paz.

Por Javier Mattio | La Voz del Interior

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