Mejor hacer antes que pensar
Adelanta en exclusiva el nuevo disco de Estelares. Y dice que las canciones se le presentan de modo “inevitable”. Enviado especial.
Estelares, otro típico caso de banda bonaerense cocinada a fuego lento en Córdoba, tiene la presión de mantener o superar el listón conseguido con el disco Sistema nervioso central, cuyo vibrante repertorio fue despedido por sus músicos hace unos meses.
A esos fines, el cantante y compositor Manuel Moretti y el productor estrella Juanchi Baleirón están reunidos en el estudio de este último, que también opera como sala de ensayo y oficina administrativa de Los Pericos. Allí, en pleno Núñez, la consola no es muy ancha y se respira ese intangible conocido como “buena onda”, que no se percibe como una puesta en escena para el periodista.
Allí, Baleirón tira máximas como “si hay un buen estribillo, no hay que mezquinarlo”, mientras Moretti se traslada a la sala de grabación para hacer una toma. No resulta, su voz se cansa y deja todo para otra oportunidad. Entonces, invita a una revisión por todo lo grabado, señalando una suerte de Excel escrito a mano cuya primera entrada tiene el nombre de las canciones y la segunda todos los instrumentos que requirió cada uno. Algunos títulos son Cae, Los 90, Cristal, Melancolía, Las luces, Cuatro chicos, Súper Acción, Tanta gente, No hay más, Máscaras, Autobuses, Viaje a Irlanda, Madagascar y Hoteles.
Manuel propone en primera instancia lo que será el corte: Cristal y se deja oír un hitazo típicamente estelar con la frase “la risa destrozó el cristal, somos tan frágiles…”
La primera impresión es que Estelares lo hará de nuevo, que copará las radios, que se garantizará centimetraje en los medios, que girará por todos lados, que sus miembros pasarán más días en hoteles que en la cama hogareña. A propósito, se viene el tema Hoteles, con el distintivo “natural como correr es mi vida en hotel”. Se le sugiere a Moretti que esa línea sugiere que nació para esto, para ser estrella de rock, para hacer de un hotel su universo privado. Y se viene la primera parrafada del líder: “Es una canción compuesta antes de que pase todo (se refiere a cierta explosión de popularidad). En realidad, Hoteles es un manifiesto de la soledad. Lo que trato de decir es que, a pesar de que me gusta, hay una segunda lectura de que no me gusta nada esto de vivir todo el tiempo en hoteles”.
“Dice ‘me fascina vivir así/ en al aire suelo reír’; es esa idea de estar todo el tiempo en el aire. Es la estima de ese mundo porque me gusta mi profesión, me gusta vivir de gira, pero a la vez es como un manifiesto acerca de que la vida en hotel es una vida solitaria”, añade.
-¿Acaso anhelás vida familiar?
-Cuando Hoteles fue compuesta, era como una broma sobre la vida solitaria que traía consigo algo que me encanta… Por supuesto que anhelo el hogar como familia. Estar con mi novia y con mi hija, pasar el mayor tiempo posible con ellas, es algo hermoso.
Sigue la escucha del disco. Y el nuevo manifiesto que se impone es “le di mi vida a las canciones y no me arrepiento; mejor hacer que pensar y pensar”. La expresión hace pensar que a Moretti no deberían perturbarlo otras responsabilidades accesorias del éxito: bancarse los aduladores, la presión implícita de que debe hacer algo mejor que lo precedente. “Estábamos contentos con las canciones; y con seguridad, que es la seguridad del oficio, el arte de escribir canciones al que le hemos dedicado muchos años. Al servicio de eso estamos cada día de nuestras vidas, compongamos o no. Y esa es la contención. A partir de eso, aparecen canciones… Pero la presión existió, y el susto consciente o inconsciente al momento de grabar las canciones fue notorio. Lo bueno es que el susto se puso de nuestro lado, lo pudimos traducir”, revela.
-Con Juanchi se percibe una interacción total. Ahora bien; ¿vivieron la tensión entre el punto de vista del que compone la obra y del que la registra?
-Puede pasar, pero en líneas generales con Juanchi nos entendemos mucho, los enfoques son muy parecidos, la concepción , la sensibilidad, la manera de entender un solo, un fraseo. Él estima muchísimo mis letras, además. Tengo convicción en el verso cuando resuelvo y cuando no resuelvo, todo está muy acordado con Juanchi y con la banda. Los pibes han hecho arreglos y ejecuciones asombrosos.
Es cierto lo que dice Moretti. La banda suena ajustadísima y Baleirón ha logrado redondearle un groove en el que el bajo es amo y señor. ¡Cómo está grabado ese bajo! “Hace tres años que estamos en simbiosis total. Y así aparece esta cosa tan maravillosa que descubrió el viejo Freud, de que el inconsciente grupal fue tomando una forma que derivó en este disco, y que estoy un poco molesto porque todavía no tengo el título”.
-¿No tenés título?
-Tengo tres o cuatro fuertes, pero todavía no me cierran del todo. Estoy esperando que caiga, a veces cae y a media tarde digo no; eso me tiene un poco incómodo. El primer título que barajé fue El mundo de Leonardo Favio. Se lo dije a Favio, me dijo que estaba muy feliz, que era un honor, pero después me eché atrás porque suena más a disco solista del mismo Favio. Y se trata de nuestro segundo disco con posibilidades de que la gente se entere de qué es Estelares.
Reflexiones sobre los ‘90
Juanchi sigue haciendo dobles clic y los archivos abiertos siguen tirando hits. Hay uno que se destaca por su fortaleza (estrofas muy AC/DC versión Powerage) y letra: Los 90. ¿Qué onda Moretti con esa década? ¿Por qué él no fue tipificado como nuevo rock por entonces? “Los años de 1990 fueron un puercoespín. Me convirtieron en un tipo angustiado, solitario, a la defensiva. Para mí es la peor década que me tocó vivir. Quizá, sufrí desde antes de los 1990, pero ideológicamente y a nivel Nación, esa fue mi década infame, a pesar de que tenía sólo 10 u 11 años cuando llegaron los militares”.
-¿Qué decir sobre tu condición de letrista o poeta? ¿Qué sentís cuando te homologan a un pez gordo?
-Tenía una relación con la palabra antes de conocer a todos; es mi manera de relacionarme con el mundo, no sé hacer otra cosa. Mis amigos me dicen que desde que me conocen apostaba todo a esto. Sé quiénes me han fundado: Spinetta y los letristas del tango. Pero después también aparecen Fito, Andrés… Mis letras son anteriores a haberlos conocido, pero me han enriquecido y me hace feliz compartir instancias con ellos. En Ardimos con Andrés, en este con Fito, en el anterior con Jorge Serrano. Lo mío es algo muy humilde. El ego que tengo es que sé cuánto amo cuando aparecen los versos en mí. A algunos no los elijo, se me imponen. No padezco el alumbramiento de una letra. Es simple, me pongo al piano y a las dos horas tengo una melodía y dos versos armados.
¿El tercero?
En la entrevista, Manuel Moretti se refirió al disco por venir como el tercero de Estelares. Como si la banda hubiera nacido con la publicación de Ardimos (2003), que es, en rigor, el tercero de la discografía oficial y el que inicia la relación creativa con Juanchi Baleirón. ¿Acaso hay una negación del pasado por parte de Moretti? No es lo que se desprende de su discurso. En todo caso, cuando el cantautor dice “el tercero”, maneja la idea implícita de que con Ardimos empezó cierto despegue. El sucesor de Sistema nervioso central (2006) tiene con qué para mantenerse en el aire…
¡Qué jugador!
Manuel Moretti dice que tiene la misma facilidad para escribir canciones que para jugar al fútbol. “Jugué de 5, de 8, de 10 y de 6. Aún voy a jugar por ahí y me ha pasado que los otros jugadores se sorprenden. Ya viejo, gordo y con 43, sigo siendo un jugador confiable. Estoy contento porque hace como ocho meses que estoy jugando sin parar, las articulaciones se me acomodan, entro y puedo hacer más o menos lo que quiero”.
“A esta virtud la hago análoga al manejo de las melodías y de las palabras. Siempre me dediqué a la formación estética, sensible, jugar al fútbol es como hacer melodías. Pero no tengo ningún ego, me lleno de alegría tocando y componiendo con Fito hasta las nueve de la mañana. A eso lo disfruto pero no me como ni media. Sólo sucede que las canciones que escribí gustan y eso me pone bien”, completa Moretti.
-Tus letras tienen un “ella” implícito, salvo pocas excepciones. ¿Siempre hay una musa?
-En este disco muchas canciones se salen del “ella”; incluso algunos fuertes como Melancolía, que probablemente sean cortes. Cuando uso el “ella” aparece algo tan cierto como el encuentro y el desencuentro. Pero no desde el punto de vista del amor como el lugar para cobijarse del mundo, sino del amor como algo más dificultoso. Es verdad que hay canciones como Cae sobre mí que están escritos supuestamente a una mujer. ¿Cómo hago para jugar al fútbol si no es con una pelota? OK, puedo hacerlo con el espacio y el vacío, pero básicamente la pelota tiene que pasar por mí para que sentir que juego. Al escribir canciones pasa lo mismo, hay que escribirle algunas canciones a las chicas, aunque sean imaginarias.
Germán Arrascaeta









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La verdad, me sorprenden, como digo siempre se renuevan en si mismos y no deján nada librado al azár, la verdad me encanta el cd.
Los quiero y les deseo lo mejor, por el trabajo que hacen. Adriana