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SNC, el mejor disco de lo que va del 2006

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Da para ilusionarse. Con este disco, el cuarto de su carrera, y con la anemia creativa que invade a todo el rock nacional, Estelares no debería tener inconvenientes en ser catapultado a los primeros planos. Pero se sabe que no vivimos en un mundo ideal, y que el rock no es un campeonato donde quien tiene las mejores canciones gana. Si así fuera, Estelares no tendría rivales a la vista.

Sistema nervioso central es serio candidato a “mejor disco del rock nacional 2006″, pero eso te lo dirá cualquier periodista con un mínimo de sensibilidad. Ya en Ardimos quedó claro que Estelares se despegaba del pelotón de bandas platenses y alternativas que quieren ganarse un lugar cool, por una simple razón: melodías. En este trabajo, quizás las canciones no sean tan brillantes o al menos no sorprenden tanto, pero el trabajo integral es más consistente; la armonía está más en su lugar, el armado de los temas es más maduro, y las letras, aunque todavía no alcanzaron el punto exacto de cocción, superan por lejos a la media de hoy en día.

“Guardo en los bolsillos/ lo que queda de armonía / y los ciclos del amor/ de las novias más perdidas/ Jardines secos”, una frase, elegida por su consonancia con la música, que combina inteligencia y nostalgia sin estrépito, en una medida justa. Eso es lo que más se le agradece a Estelares: el sentido de la proporción; el saber matizar colores y sensaciones combinando ese saber en el terreno de la canción tradicional de rock. Y en ese campo resolver la jugada con una personalidad propia que hace que una canción clásica suene actual. Nadie descubrió la pólvora aquí, pero Estelares comprendió la forma en que hay que hacerla explotar.

Las canciones transitan, en su mayoría, la congestionada avenida del desencanto amoroso con aciertos mayores (“Ella dijo” con la participación de Jorge Serrano, de Los Auténticos Decadentes), y menores, sin caer en el bache de la cursilería aunque en algunas ocasiones tropiecen con la piedra de lo capcioso (“Al salir, no nos queda otra que salir”, “Yo no sé de qué manera ser feliz/ sin embargo algo sé: que no soy un infeliz”).

Si bien todas las miradas se centran en Manuel Moretti, cantante que tiene algo del vibrato de Federico Moura, alguna reminiscencia de Miguel Abuelo y tal vez unos escasos modismos de Andrés Calamaro, sin por ello caer en el mimetismo, no hay que perder de vista el hecho de que Estelares es un equipo y juega como tal. Porque allí, a su diestra, surcando el espectro del estéreo, aparecen las geniales guitarras de Victor Bertamoni, el bajo urgente (cuando tiene que serlo) y relajado a la vez de Pablo Silvera, y sosteniéndolo todo la sobria pero efectiva pulsación de Carlos Sánchez.

Aquí se luce el DT: Juanchi Baleirón, que si bien imprime siempre una estética similar en los discos que produce (Super Ratones, Expulsados), también logra extractar lo mejor, sobre todo a la hora de las voces y las guitarras acústicas, dos marcados déficits del rock argentino que se jacta del fogón pero al que le cuesta armonizar dos voces y un rasgueo, cosas que aquí se resuelven de maravillas.

La palabra clave, otra si se me permite, es “belleza”. Las canciones de Estelares la buscan tanto como a la luz. Y el encuentro con ambas no es infrecuente en las 14 canciones de Sistema nervioso central. Da para ilusionarse, pero teniendo en cuenta que la ilusión es lo primero que aparece y lo último que se pierde. No habrá que esperar estadios repletos, ni banderas, ni aguantes: tan solo la posibilidad de una carrera sostenida en tiempo y calidad. Las canciones se encargarán del resto.

Sergio Marchi

10 Música

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