Cobertura del nuevo disco

Tapa Diario de Rock De Garage

Manuel me recibe en un viejo primer piso de la calle Jean Joures, en el barrio del Abasto. Ya no vive en la zona, pero este depto hoy es el pretexto para regularizar sus rutinas de composición. El lugar en donde el cráneo de Estelares planeará el rumbo musical de los próximos años es amplio, aunque angosto y alargado. Habitación, cocina y un estar que se abre paso sobre uno de los extremos, con ventana a la calle que alimenta de luz el espacio. Todavía desamoblado, reposan sobre el piso de madera dos sillas y un reproductor de audio a estrenar. En este mismo lugar, como viene haciendo desde hace algunos días, Moretti recibe en plan de anfitrión a un puñado de periodistas para mostrar la última obra de Estelares; un poco para contar la experiencia y el sentido de esas canciones, y otro poco para asegurarse que lo que tiene entre manos es el mejor disco que haya hecho en su vida.
“El otro día me di cuenta que en realidad me volví mas constructivo”, dice Manuel, dejando que la luz de la ventana se estrelle contra sus anteojos. “El estar solo, o ser un narcisista, o un investigador, o un lunático, hace que a veces te importe todo un pito, ni siquiera metiéndote con el otro, incluso con uno mismo. La diferencia es que al estar mas contenido por mi profesión, por haberme convertido en padre, si te haces cargo del amor material, lo primero que te das cuenta es que ya no estas solo”.
Y si acá hay alguna verdad es que Manuel hoy esta menos solo que nunca: vive en pareja, tiene una hija de tres años, una banda respetada y un batallón de canciones que está a punto de explotar en el oído de miles de argentinos. Es por eso que en el presente de Moretti la palabra “amor” suena con tanta fuerza, no solo desde el título de su nuevo disco. “Una temporada en el amor” presupone un presente estable, un retiro placentero. “Pero en este disco no esta el amor de pareja”, explica él. “Es el amor como construcción, y eso también tiene que ver con uno de los temas que dice ‘Le di mi vida a las canciones y no me arrepiento’. Y eso es amor, ¿entendes?”.
Durante las próximas dos horas de entrevista, Manuel irá apretando play y stop, comentará las canciones, se levantará, irá a la cocina, cebará mate, fumará, mirará por la ventana y hasta se seguirá conmoviendo. Es que ahí, en ese precario CDR esta lo que pronto –diez días al realizarse esta entrevista- saldrá a la calle y dejará de ser tan suyo: sonará en el Ipod, la radio, la PC o el reproductor de un número impensado de personas.
“Me parece que lo que más nos contiene ahora es el oficio”, vuelve reflexivo. “Cuando haces lo que haces durante tantos años, y le pones lo que le pones, y además lo haces todo el tiempo, todos los fines de semana, te convertís en jugador de futbol, ¿entendes? Creo que tenemos oficio, que es otra cosa que el talento. Son dos libros diferentes. Vos podes tener talento y no querer hacerte cargo del oficio. El éxito y el oficio hacen que vos justamente desarrolles y mejores tu talento”.
Pero el talento ya existía… Pienso en canciones como “Cristal” o “Las luces del sueño”, que tienen más de quince años…
-Exactamente. Pero vos ahora tenes a la banda aceitada, reconociendo el lugar de cada uno; a un productor artístico que te suma y a una compañía que te pone como prioridad… Todo eso va haciendo una continuidad de laburo. En el caso de “Cristal”, el verso es del 91’, tiene otro tempo y yo le encontré un estribillo nuevo. Entonces es un poco de antes y un poco de ahora. Si vos me decís, cuando yo la escucho sin estribillo es linda, pero algo le falta. Me parece que quedó buenísima.
Durante buena parte de “Una temporada en el amor”, Estelares trabajó con viejas canciones de Manuel; algunas que vienen de la época de Peregrinos (su anterior proyecto) y otras que habían sido grabadas de manera íntima, en una portaestudio y que terminaron formando parte de su propio Salmón: ese registro tan espontáneo y caótico, por momentos oscuro y denso titulado “La mañana del aviador”. Casi un acto de justicia para un buen número de canciones que se perdieron en el registro precario de una década infame.
¿Cómo notas al Moretti compositor de los 90’ y al de ahora?
-Antes estaba mucho mas atravesado por una angustia personal, muy narcisista, de saber que tenía algo entre manos y no sabía cómo resolverlo. Sabía tirar material, componer mucho; de hecho sigo yendo para atrás porque considero que hay canciones que están buenísimas y todavía quiero grabar. Pero cuando esto se convierte en tu profesión, y te da de comer, y te levantas a la mañana para salir, o para componer, o para grabar, hay como un clic en la manera de entenderlo. Esto de venirme acá para componer con más regularidad tiene que ver con eso: yo siempre compuse mucho, pero estos últimos tres años solo grababa ideas, pero no podía componer.
Más allá del peso autoral de Moretti sobre la obra general de Estelares, hoy ya resulta evidente el rol de la banda en la construcción musical. Solo basta con recurrir al disco solista de Manuel o buscar en las viejas grabaciones de Peregrinos para ver cómo Estelares reconfiguró ese cristal en bruto que proviene del pulso creativo de su cantante. Es por eso que “Una temporada en el amor” es la muestra de un proceso en donde Estelares hace de Estelares, aún sin repetir fórmulas.
“La banda mejoró compositivamente, yo mejoré compositivamente, y le damos importancia a elementos que antes no le dábamos mucha bola”, dice Manuel. “Este disco tiene 4 o 5 temas que vienen del menemato, mas “Autobuses”, que son canciones muy cargadas. Están tocadas igual que como fueron compuestas, pero la banda las agarró y las hizo impresionantes, como para tocarlas ante cinco mil personas. Ese tipo de cosas es nada más y nada menos que una dinámica de laburo, del conocimiento de los palos, del conocimiento de los medios, de la gente. Te da alegría y tranquilidad… y en tipos como nosotros que nos importa un choto dormirnos en los laureles porque no nos interesa andar alardeando de lo que hicimos, te da seguridad para seguir trabajando”.
¿No estuvo la sombra de las canciones de Sistema Nervioso Central a la hora de crear nuevas?
-No… Vos fijate que en “Sistema Nervioso…” esta “Un día perfecto”, “Eléctricos duendes” y “Un Show”, en donde yo me pongo a jugar con historias. En cambio este disco es más testimonial, es más cargado: la angustia y la gravedad de Moretti, ¿entendes? Sistema nervioso estuvo bueno porque fue terminado, redondito… Este es un poco mas como una bomba de papas.
Erguido como uno de los últimos poetas populares salidos de la cesta nacional, Moretti hoy ya es firma con destino de hit asegurado (¡Hasta la versión tropical de “Ella dijo” interpretada por Miguel Ángel rompe records de descargas!). Sistema Nervioso Central explotó con un manojo de cortes y “Cristal”, aún sin el disco en la calle, se puso al tope de los rankings radiales. Un presente demasiado fértil para un bohemio existencialista que un día se cansó de servir cafés en bares de La Plata y decidió apostarle a sus canciones.
“Si, en mi caso fue una decisión. Una decisión limítrofe porque en el año 99’ no quería laburar más de la gastronomía; me quise hacer cargo de las canciones y sabía que había que salir de 32”, explica a la distancia. “Yo creo que la 32 es como un elástico, que a veces te lo chocas y te vuelve a tirar para adentro. Entonces en un momento determinado dije: La Plata me formó, me educó, me dio muchísima contención, me dio una tonelada de ideas, pero es momento de salir y me vine para acá. Estuve como tres años con algunos shows de Estelares, algunos shows solo, con el favor de un montón de amigos y músicos de acá que me cobijaron y me dieron incluso un estudio de grabación, en donde grabé “Ella dijo”, “Campanas”… Bastantes temas que después terminaron en Sistema Nervioso Central”.
“Yo creo que estuvo la intención de dejar de ser una banda de culto, por más que ser una banda de culto es precioso, pero quería que hubiera más orejas que se enteraran de lo que hacíamos. Y con el riesgo de que al hacerte popular piensen que te volviste un pelotudo”.
Mientras pasan los temas, con “Melancolía”, “Autobuses” o “Superacción”, Estelares demuestra la desglose de una fórmula de búsqueda musical, sin caer en un autoretrato: este disco resulta por momentos luminoso, denso (“cargado”, como le gusta decir a Manuel) y testimonial, con canciones que apilan méritos como para luchar el título honorario de corte. ¿Fórmula de canción letal? Algo así: una banda llena de ideas musicales (un Víctor Bertamoni inspiradísimo en las seis cuerdas y las bases de Pablo Silvera y Carlos Sánchez que se renuevan sobre cada track) y un Moretti cada vez más cercano a la canción popular. Después de todo, “El mundo de Leonardo Favio” –que parecía ser el título definitivo del álbum- no hubiese sido nada desubicado.
“Empecé a darme cuenta que los tipos que más admiraba y que más me emocionaban eran Leonardo Favio, Sandro…”, cuenta. “No te hablo de los que me han influenciado constructivamente como Spinetta, Miguel Abuelo, o los tangueros. Pero me di cuenta que los tipos que mas me gustaban eran los cantantes populares”.
Después de “Sistema Nervioso Central” como un paquete certero e infalible para cualquier ranking de FM, el trabajo del perico Juanchi Baleirón parece ser la tuerca definitiva en el acabado musical de Estelares. “Juanchi abre la oreja, presta atención y después sí hace comentarios. El tiene su concepto, pero labura con tus ideas. Entonces terminamos todos bastante involucrados y resolviendo, formando parte de todo. Es un laburo de los cinco, pero con la capitanía de Juanchi. A los primeros que les muestro material es a Juanchi y a Víctor, para después arrancar”.
“En una banda en donde hay un autor muy fuerte, un productor no puede ir en contra de él porque se queda fuera del disco. ¿No me va a dejar grabar las canciones que mas me gustan? No tiene sentido…”, dice Manuel.
¿Se puede pensar hoy un disco de Estelares sin Juanchi?
-Si, yo creo que si. Hasta ahora hemos estado muy bien, pero seguramente llegue el momento de laburar sin Juanchi. Incluso hasta por aventura de banda, como aprendizaje. Es probable que en algún momento queramos hacer nuestro propio ejercicio de producción. Aunque nosotros lo hicimos en nuestros dos primer discos, que son muy buenos, super hippies…
¿Se buscó un equilibrio entre las canciones más densas y más luminosas en este disco?
-Creo que todas las canciones de Estelares son luminosas… En realidad se impusieron las canciones de más peso autoral. Después la banda obviamente las puso ahí. “Superacción”, por ejemplo, le gustaba a Víctor y a Pali desde hace un montón, desde “La Mañana del aviador”, y bueno, ahí esta. Es breve, es pseudo oscura… Pero no creo que busquemos el equilibrio. Sí es cierto que queríamos canciones con bit más como “Cristal” y “Melancolia”. En realidad se forma todo a través de la personalidad de las canciones, porque hasta ahí llega la figura del fútbol: vos tenes un equipo y los titulares se van ganando el puesto.
Alguna vez dijiste que las canciones te habían salvado la vida. Hoy las canciones te están haciendo vivir como siempre quisiste…
-Me sostienen. Es componer y aprender a grabar canciones. Eso es lo que me sostiene. Yo creo que me salvaron la vida porque fue uno de los lenguajes que me relacionó con la cultura, con lo social. Yo empecé con esto porque estaba mas loco que una cabra y de a poco todo fue tomando su carril hasta que se convirtió en profesión. Pero no arrancó como profesión, arrancó como salvataje; algo catártico, acción y reacción. Así empecé cuando tenía 21 años. Después decido que empiece a ser mi profesión cuando me doy cuenta que me salían canciones y que a la gente algo le gustaban.
Y esas canciones hoy posicionan a Estelares como una de esas bandas nacionales capaces de entrar en el oído de cualquiera: desde tu abuela hasta tu hija, aunque detrás de esa melodía contagiosa se encarne un dolor existencialista o una lucha maldita en contra de la melancolía.
“Me parece que este disco tiene que ver con un lugar en la construcción, porque el amor es tanto lo bueno que te puede dar, como el amor que enseña, que te forma y que es cruento. El amor que sana y el amor que mata”, dice Moretti. “Me parece que esta temporada es del amor, de la construcción, de esperanza, de creer en algo. Creer que si uno intenta construir, se puede”.

Juan Barberis
De Garage

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