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La vida en detalle

Consumada la conquista interior, con un puñado de melodías instaladas en el imaginario colectivo, el grupo nacido en nuestra ciudad se prepara para cruzar otras fronteras. En charla abierta con el Joven, Manuel Moretti proyecta, evalúa, repasa y revela cómo es encabezar una de las mejores bandas de rock cancionero del país

Por ahora, sobre las tablas predominan el enfoque poderoso y la cosecha reciente: “tocamos todas canciones nuevas grabadas en los últimos discos -por más que algunas yo las haya compuesto en otras épocas-” aclara Manuel. De cualquier modo, tanto antes como ahora, el repertorio de Estelares rinde tributo con herramientas nobles -guitarras políglotas, estribillos masivos, bajos sofisticados y austeros, un baterista como Carlos Sánchez que no se permite excesos-, a los santos patronos de la canción de todos los tiempos. Una lista que en el ámbito internacional debería incluir, según Moretti, a “Elvis, los Beatles, Dylan, Rolling Stones, Neil Young, Grateful Dead, Eduardo Mateo y Joao Gilberto”, y en el nacional a “Spinetta, García, Abuelo, Nebbia, Manal, Pappo, Fito y Calamaro”.

A cuatro décadas de la despedida de los alquimistas de Liverpool, el cantante piensa que “la canción popular sigue siendo tan buena como siempre, y no podemos negar que su mundo abarca un abanico gigante. Pero los Beatles fueron, sí, la cúspide de ese universo, una cima no alcanzada nuevamente por banda de rock alguna”.

Puesto en el juego de considerar cuál de sus discos aportaría más temas a un hipotético “grandes éxitos” de Estelares, Moretti admite que “‘Sistema nervioso central’ es el disco que tiene las canciones de más alta rotación radial de toda nuestra carrera”, pero se pronuncia por un ranking personal casi totalmente al margen: “hoy por hoy, mi ‘top 5′ es ‘Moneda corriente’, ‘Estrella’, ‘Un viaje a Irlanda’, ‘Campanas’ y ‘America’”.

Con cinco álbumes en las valijas (“Extraño lugar” -1996-, “Amantes suicidas” -’98-, “Ardimos” -’03-, “SNC” -’06- y “Una temporada en el amor” -’09-), esquivar los riesgos de la repetición puede ser una tarea ardua para el artista inquieto. Manuel subraya que “todo el tiempo intentamos manejarnos por terrenos novedosos, tanto en las letras como en lo musical; ‘Ardimos’, es muy diferente a ‘Sistema nervioso central’, y éste es muy distinto de ‘Una temporada en el amor’”.
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Moretti & Minimal – Viva la diferencia

Sobre el escenario Ariel Minimal y Manuel Moretti tienen estilos diferentes. Uno tiende a la extroversión; el otro, al encierro. Uno bromea y se trenza con el público. El otro, se trenza consigo mismo. Se trata de dos tipos muy diferentes, de dos músicos distintos, de cantantes cada uno con su timbre, con su voz. A pesar de las diferencias, cuando esos mundos se juntan, no desentonan en absoluto. Al contrario, con Moretti y Minimal sobre las tablas, se produce una extraña comunión.

Debajo del escenario las cosas no varían mucho. Es un miércoles de verano en el barrio de Boedo. Los músicos toman mate, charlan, tocan “La distancia”, el tema de Roberto Carlos. No han ensayado juntos más de 4 veces, pero hay algo en ellos que funciona naturalmente. No necesitan palabras. Termina la entrevista y, sin decir nada, agarran las guitarras y se ponen a tocar.

Los dos han recorrido un largo camino. Minimal integró Los Fabulosos Cadillacs. Trabajó con Litto Nebia y en los ’90 fundó dos bandas. Primero fue Martes Menta, que junto con grupos como Babasónicos y Juana la Loca formó parte de la llamada “movida sónica”. Después creó Pez, con quién editó ya una docena de discos. Además, lanzó dos álbumes solista y una maravillosa colaboración con Flopa Lestani y Mariano Esain.

Moretti creció con Nino Bravo, Leonardo Favio y Roberto Carlos de fondo. Su primera banda se llamó Licuados Corazones y para principios de los ’90 había formado la segunda, Peregrinos. Aquel grupo duró menos de un año, pero pronto adquirió la categoría de mito. Luego vino Estelares, con quien Moretti lleva 15 años y 6 álbumes. En 2003 editó La mañana del aviador, una suerte de diario íntimo musical grabado con su porta estudio.
Fue el periodista Alejandro Lingenti, un amigo en común, el que les insistió para que hicieran algo juntos. “A él le gustan el trabajo de Ariel y mis canciones”, dice Moretti. “Hace un año intentó juntarnos, pero aquella vez no coincidieron los tiempos. Hoy sí y aquí estamos”.

¿Recuerdan cuándo se conocieron?
MORETTI: Recuerdo que alguna vez nos cruzamos en La Plata en la época de Martes Menta. Después, algunas cosas de los primeros discos de Pez me resultaron naturales por la relación que yo tenía con el rock nacional y con bandas como Color Humano y La Pesada… Además, en algún momento tuvimos una manager en común… Cuando escucho Pez y las canciones de Ariel yo siento el amor y el cariño que le tengo al rock nacional. A mí me viene así directamente. Para mí Pez suena como un seleccionado de cosas que me encantan del rock argentino.

¿Y vos Ariel, qué recordás?
MINIMAL: Yo me acuerdo de que en la época de Martes Menta nos cruzábamos con Peregrinos en La Plata. Me acuerdo de que una vez estuve en la fila de SADAIC atrás de Manuel. Él llenaba la planilla de intérprete y yo admiraba la situación porque soy malísimo con ese tipo de trámites.

Recién Manuel hablaba de “rock nacional”, ¿sienten que vienen de una misma tradición?
ARIEL: Yo tomo rock nacional como un todo…

En realidad primero debería preguntarles si creen que existe eso que se llama “rock nacional”.
MINIMAL: Sí. Por suerte el rock argentino surgió con la identidad suficiente… Al principio estaba Manal, por ejemplo, que tenía mucha potencia. De ese rock, que era súper argentino, pasaron cuarentipico de años y eso sigue existiendo y se ha ramificado.
MORETTI: Yo me eduqué con Manal, Almendra, La máquina de hacer pájaros, Color Humano, Miguel Abuelo…. Vengo de ahí, pero también tengo una influencia de los románticos: Roberto Carlos, Nino Bravo, Leonardo Favio.

Es cierto, pero me parece que Ariel también tiene un costado melódico o “romántico”.
MINIMAL: Sí, a mí me gusta. Yo siempre estuve amparado por el ruido de Pez, pero me parece que cuando toco solo con la acústica surge ese lado. Yo crecí escuchando a María Martha Serra Lima y el trío Los Panchos, a Roberto Carlos, a Joan Manuel Serrat, a Mercedes Sosa… Tuve suerte porque no sé si de grande me hubiera puesto a escuchar esas cosas.
MORETTI: Son cosas que yo sigo eligiendo.
MINIMAL: Sí, ¡ni hablar!. Lo que digo es que a los 15, cuandos sos rebelde y hay un tire y afloje con los adultos no escuchás esa música. Por suerte la volvés a agarrar de grande… (…)

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Nota a Manuel y reseña del disco en revista Métrica

Vía correo electrónico, Manuel Moretti, líder de la banda, “habló” con Métrica de la poesía, los prejuicios rockeros, el dream team del rock argentino y la gestación de sus discos.

¿Qué discos o artistas provocaron en ustedes el deseo de formar parte de una banda de rock?
No se si quise formar una banda de rock en principio, se me fue imponiendo. Quizás fue una reacción catártica de mi sensibilidad ya afectada por cierto en aquellos años iniciáticos por problemas personales y drogas y porque artistas como Spinetta, Beatles, Roberto Carlos, Lou Reed, Bowie, Miguel Abuelo, Nino Bravo, Charly García entre otros muchos machacaban mi centro neurálgico.

En los últimos discos de Estelares hubo invitados de renombre que colaboraron en canciones, ¿con qué otro músico del rock argentino te gustaría grabar un tema y por qué?
Soy un devoto de los cantantes populares, de los buenos intérpretes. Quiero grabar por razones obvias, fundacionales te diría con Luis Spinetta y Charly García y le sumo León Gieco, podría enumerarte unos cuantos mas de varios géneros musicales incluso, pero me quedo con estos tres.

En muchos temas (“Súper Acción”, “Campanas”) se nota que utilizás un método a la hora de elaborar las letras, uniendo imágenes con la destreza necesaria para que en su sucesión adquieran cierta intensidad poética; el título del disco parece aludir a Rimbaud: ¿sos un lector de poesía?, en caso de serlo, ¿qué poetas o escritores marcaron tu forma de elaborar las letras de la banda?
Una temporada en el infierno fue mi libro de cabecera hacia el final de mi adolescencia. “Es necesario ser absolutamente moderno” escribió alguna vez y trato de informarme lo más que mi débil voluntad soporta, de todas formas son muchos años dedicados a la manifestación sensible, cine-literatura-poesía-música-plásticos-bailarines, ¿cuantas cosas más podría enumerar? Quizás la mas importante es la observación (consciente o inconsciente, dijera Charly en inconsciente colectivo)

¿Por qué razón la banda no editó discos entre 1998 y 2003?, ¿se replantearon desintegrarse? (un espacio un tanto extenso si tenemos en cuenta la periodicidad con que lo hicieron antes y después)
Fue una época como de revisión y encierro, tocamos 4 o 5 veces a lo largo de 1999 Me/nos encerramos a componer y hacia el final del 1999 yo quería cambiar, irme de La Plata, buscar un productor artístico, no quería ser mas la banda y compositor de culto, mis canciones gustaban mucho a especialistas pero yo seguía encerrado en una habitación de 3 x 3 , era la hora de salir al campo de juego y con Víctor decidimos mostrarle el material a Juanchi , a Baleiron le gusto mucho el material y lo que iba a ser un demo termino siendo un disco que tardo ( por muchas circunstancias) tres años en ver la luz. Empezamos a trabajar en diciembre del 2000 y el disco salió en noviembre de 2003.Creo que nunca pensamos en separarnos aunque la ansiedad que genero la tardanza de la edición del disco me disparo a “editar” un cdr con mis demos llamado La mañana del aviador.

Un clásico en el movimiento del rock es que cuando una banda under alcanza cierta popularidad comienza a tener conflictos con su público original o incluso con el éxito mismo, ¿a ustedes y sus seguidores cómo les pegó la masividad y de qué manera la manejaron?
Un clásico prejuicio del rock es que popularidad es igual a basura. Santa idiotez adolescente: ¿que decimos de la masividad de The Beatles? La buena música esta hecha para ser escuchada por la mayor cantidad de gente posible. Si nosotros hacemos buena música pues que la escuchen hasta los mirlos!!!! (sic).

Por vicios de la crítica de rock se suele aglutinar bajo diferentes entelequias a diversas bandas de rock (ejemplo: “rock barrial”, “nuevo rock argentino” en los 90’) que supuestamente tienen algo en común, ¿hay artistas de la escena actual con los que de alguna forma se sientan hermanados a la hora de encarar el modo de hacer música?
Me parece que lo único que te iguala al respecto es la participación de los mismos valores estéticos, quiero decir no tocamos Atahualpa pero es probable que a los Pez, como a los Killers Burritos (que tampoco lo tocan) les guste tanto como a nosotros. (…)

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Manuel Moretti, entre el amor y la melancolía

“Yo lo único que se es mirar” dice Manuel Moretti, cantante de Estelares y merecedor de unas cuantas aposiciones más: cinéfilo, tanguero, boxeador de la música, melancólico, observador. Hombre de versos e imágenes, el frontman de esta banda que alcanzó la fama con Sistema nervioso central pero la madurez con Una temporada en el amor está en un momento clave.

Su disco fue reeditado con dos temas nuevos (“Madagascar” y “Línea D”), él se está presentando todos los jueves de febrero en Ultrabar con Ariel Minimal y proyectó el corto de “Pato” Ragadale Una temporada en el estudio, un documento de la grabación del último álbum, desde que se crearon las bases, pasando por las guitarras, hasta la intervención de los invitados (como Fito Páez, en ese vals gris llamado “Autobuses”). “Hacer ese corto fue un enorme placer, porque es el registro de lo que este disco significó para nosotros y además estuvo a cargo de un gran amigo como Pato”, expresa Manuel.

Llevo conmigo fotografías sin revelar

La frase de ahí arriba es de un tema de Mi Pequeña Muerte, pero Moretti bien podría haberla escrito. Gran parte de las canciones de Estelares trabajan sobre esa obsesión del cantante por la contemplación, verbo clave en sus temas, del que se desprenden imágenes como un “jardín luxemburgués” (en, justamente, “Luxemburgués”) o “mil abejas en el jardín” (en “Mil abejas”, esa canción de cuna á la “No Surprises” que Moretti le dedicó a su hija). Pero el hincapié en las fotos (las del placard, las de Uruguay) no es casual y Manuel lo explica: “Siempre me fascinaron los buenos boxeadores y los buenos escritores, porque lo que tienen en común es la manera de mirar. Por eso, a algunas canciones las veo, se me arman imágenes en la cabeza, como fue el caso de ?Superacción?”. Por eso, también, los ojos aparecen tanto en sus composiciones: “Ella limpió mis ojos, los sacó del olvido” canta en “Las luces del sueño”. Y así, puede seguir videando.

Las fotos, a su vez, no solo se le arman a Moretti en la mente de manera imaginativa sino que también las toma de puntos geográficos reales que nos empujan a la tierra: Junín, calle Anchorena, el Tinto bar, Traslasierra, Cosquín y la lista sigue. “Me gusta ubicar las sensaciones. Los lugares aparecen en mí porque ponen en el plano terrenal el mundo de las sensaciones y eso hace que me pierda menos. Las frases etéreas me angustian. Yo todo lo que veo lo narro”, explica. (…)

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Toda esta nostalgia

FAN > UN MÚSICO ELIGE SU CANCION FAVORITA

Domingo 6 de Septiembre – Radar – Pagina 12

Por Manuel Moretti

Parece ser que estoy signado por la ausencia. Empecé escuchando los discos de mis padres, como muchos, supongo. De los de mi madre quedaron en mi memoria los de Nino Bravo, Roberto Carlos, Julio Iglesias, Sandro y Leonardo Favio. Y de los discos de mi viejo recuerdo especialmente el tango “La mariposa” de Pugliese. Estaba en un compilado inolvidable con temas del maestro comunista, que rondaba el Winco, que a su vez había comenzado a entrenar mis oídos por esos días.

Mi padre viajaba y no estaba en casa cuando yo era niño. Y esos acontecimientos generaron en mí un aire de despedida eterna. Nunca lo veía por mucho tiempo.

Creo que algo de esto último que cuento fue definitorio para que mi canción preferida de niño y aún hoy (entre tantas que amo, lo imaginarán, comprenderán que me expongo a una cruenta decisión de tener que hablar sólo de una), aún hoy, como decía, mi canción preferida es “La distancia” de Roberto Carlos.

La escuchaba en ese Winco, en un inmenso living de 4 por 5 metros por 4 de altura, habitación elástica y gigante de casa antigua, donde mis pensamientos iban y venían con absoluta autoridad e inocencia: nadie los interrumpía en su periplo, atravesaban el espacio para perderse algunos por la puerta principal de la gomosa habitación y huir libres en busca de nuevos aires, mientras que otros permanecían inquietos en mí. “La distancia” era el vigía, el moderador de ese reducto de pensamientos, ensoñaciones y primeras emociones.

En esa misma habitación vi algo (recuerdo endeble, ¿memoria selectiva?) de la final del Mundial de 1978, allí mismo donde al amparo de “La distancia” supe que no viviría en el pueblo de grande. Supe que me iría de Junín. Una Junín atravesada por la dictadura y por su natural esquizofrenia conservadora, con un indescriptible deseo de casi toda la ciudadanía pueblerina de querer ser más de lo que se es, o decir que se es lo que no se es.

Como decía, habitación elástica, holgazana y sobreprotectora. Un gran ring donde luchaban, incansables tardes y noches, innumerables mundos que pugnaban por salir de mí. Cuando algunos lo conseguían, rebotaban en las cálidas paredes, o en el techo, o en el piso y volvían algunos de ellos estallando en mi interior, regocijándome, cobijándome, atemorizándome. Todo esto ocurría bajo la supervisión de “La distancia”. El hálito de nostalgia y melancolía que envuelve a la canción me conquistó, fue crucial: mi debilidad estaba a la vista. La eterna despedida; la pérdida ambigua.

Pasaron algunos años y yo empecé a escuchar otras músicas, otras canciones: “Cantata de puentes amarillos”, “Buen día, día”, “Cómo mata el viento norte”, “Una casa con diez pinos”, “Been Alone so Long”, “Starless and Bible Black”, “Wild is the Wind”, “Walk on the Wild Side”, “Norwegian Wood”, “Sister Morphine”… ¿Voy a escribirlas a todas? Comprenderán que no.

Sin embargo, jamás olvidé esa canción. Es bellísima la melodía: viscosa como la pérdida, adhesiva como la mismísima humedad, la forma en que la canta Roberto. Debo confesar que, cuando Andrés Calamaro la grabó en su disco El cantante, sentí cierta furia. Recordé que hacía mucho que no escuchaba ni cantaba “La distancia”, y sentí que si alguien debería haber hecho una versión de esa canción era yo. De todas formas, la versión de Andrés está tan buena que la furia se transformó en placer.

Ya escribí mi canción “Melancolía” en el quinto disco de Estelares, Una temporada en el amor. Estoy libre de pesares al respecto: exorcicé la pérdida y ahora puedo disfrutar de “La distancia” como siempre, sin recordar una niñez con padre ausente.

Cuando voy de gira, cuando apoyo mi cabeza contra el vidrio de cualquier ventanilla de micro, o de tren, o de auto, cuando deposito la mirada en el horizonte, cuando veo la ruta vacía o iluminadamente concurrida, cuando miro a través de un ventanal, recuerdo “La distancia” y a Roberto Carlos cantado temblorosamente: “Nunca más oíste tú / hablar de mí / en cambio yo seguí / pensando en ti / en toda esta nostalgia”. Entonces, sólo entonces, no me siento solo.

Radar

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“Siempre estuvimos al servicio de la canción”

La banda de rock platense volvió al disco con “Una temporada en el amor” tras el exitoso “Sistema nervioso central”.
Con su anterior disco, “Sistema nervioso central”, Estelares dio el salto a la popularidad. Desde entonces, el tiempo se encargó de poner en su lugar a la banda de rock platense: un grupo que sabe cómo construir canciones deliciosas. Hoy con su nuevo álbum, “Una temporada en el amor”, no paran de dar notas y su cantante y letrista Manuel Moretti no deja de remarcar que son un grupo de músicos al servicio de la canción.

Estelares, que esta noche, a las 22, toca en el teatro Lavardén, continúa puliendo uno a uno sus temas. Un viejo oficio que le demandó unas 50 canciones y 15 años de camino. “Las canciones fueron mi linterna, me guiaron en la vida”, dice Moretti en medio de la charla con La?Capital. El músico nació en Junín, siendo adolescente clavó ancla en La Plata y ahora vive en Buenos Aires.

Para Moretti su carrera en la música comenzó “con una gran necesidad de expresión”, en una época de su vida “muy catárquica, chiflada y caótica, fue un buen ejercicio para componer canciones y para armar bandas”.

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Historia de un rockero melancólico

ENTREVISTA A MANUEL MORETTI, LIDER DE ESTELARES

Historia de un rockero melancólico

El compositor y cantante da información del nuevo CD de la banda. Y revela aspectos de su atribulada vida.

POP BARRIAL MORETTI NACIO EN JUNIN Y AHORA VIVE EN BUENOS AIRES. SE INSPIRA, DICE, EN LOS BARRIOS. EL NUEVO DISCO DE ESTELARES SALE EN MAYO.

Manuel Moretti está hecho de una estructura melancólica que lo humaniza al toque. Lleva unos anteojos muy Rodolfo Walsh y la barba de otro Moretti, Nanni, el Moretti italiano que hace cine. Manuel es el cantante y compositor de Estelares, un relojito suizo al servicio de letras color gris. Siempre está medio nublado en los cuadernos donde Moretti debe escribir sus canciones. Sin embargo se nota que pasó por la escuela del corte de difusión, así que en fondo de su cavidad toráxica Moretti conoce muy bien lo del boleto a la ciudad feliz (porque allí hay marquesinas y hay estrellas).

Todo muy lindo, pero Moretti está hablando del cine de John Cassavetes. “La intimidad de su obra me hizo conocer la profundidad en lo sencillo. El podía entrarle a los temas que todos conocemos desde otro lado. Es una inspiración constante”.

Estelares es hoy el eslabón de lujo más ajustable al ser nacional de la calamarocracia. Moretti sabe trabajar el formato de estrofa, puente, estribillo. Son versos licuados en un puñado de acordes -”utilizo bastante do mayor, mi bemol mayor, re mayor”- donde aprovecha para colar lecturas, influencias y experiencias vitales de un muchachote que a los 43 apenas puede revisar un pasado rico en psicofármacos y drogas pesadas. “Soy incapaz de armar una cronología. Si me preguntás, ni me acuerdo cuándo empecé a tocar la guitarra; sólo sé que un día estaba haciendo Psycho Killer, de Talking Heads y no paré”. (…)

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Moretti: “Escribir canciones es mi manera de relacionarme con el mundo”

Son varios los títulos que se barajan para el disco de Estelares que sucede a “Sistema nervioso central”. Pero parece que “Una temporada en el amor” es el que más posibilidades tiene.

Manuel Moretti: Por ejemplo ésta es una canción del año ‘98… (me cuenta Manuel mientras se pone a recitar)

“Ya somos campeones, no hay lugar al que llegar
El cielo nos miente, todo es distinto desde aquí
El silencio mata, lo peor es no sentir”

Yo me daba cuenta cuando empezaban a funcionar los temas del nuevo disco en los ensayos, porque los pibes empezaban a descubrir arreglos alucinantes, y pensaba: “esto no estaba en ningún plan”, aparece de tanto tiempo estando juntos. Y nos decíamos: “uh, bueno man eso está buenísimo, si está buenísimo”.

El disco tendrá varios invitados: Fito Páez (en “Autobuses”), Ariel Rot, Los Super Ratones, Coki Debernardis, Carlos Banderas y Juanchi Baleirón (también productor).

El primer corte de difusión del disco se llama “Cristal”. Acá rescatamos la versión original, grabada en vivo en diciembre del ‘91 con la banda anterior de Manuel, Los Peregrinos. (…)

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Remedio para melancólicos (RollingStone)

Literatura americana, poetas tangueros,pastillas y amores perros. El mundo privado de Manuel Moretti y una banda deculto al borde del shock radial.

Antes del segundo giro de llave, Manuel Moretti me dice que sólo toma de la holandesa y que al kiosquero de la cuadra se le acabó el stock. Así que mientras espera la moto de Pop Art con una copia recién horneada de Sistema nervioso central, el nuevo disco de Estelares, yo me meto en el Coto del Abasto para buscar un par de botellas verdes. Ya no quedan. Entre las góndolas, lo llamo por teléfono y le pregunto si no se anima con alguna otra marca. “No, no tomo otra”, responde, terminante. Manuel puede ser un tipo inestable con las mujeres, puede tener el alma rota por titubear en los momentos decisivos y volcar su política del desencuentro en un atajo de canciones preciosas y terapéuticas, pero parece tener las cosas bastante claras en términos de preferencia cervezal.

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