Cobertura del nuevo disco

Entregar la vida a la canción

El cuarteto da un paso más allá de Sistema Nervioso Central con un álbum de alto nivel, que demuestra su capacidad de construir identidad propia en un terreno tan dado a los lugares comunes como la canción rock.

“Le di mi vida a las canciones, y no me arrepiento”, canta Manuel Moretti en “Melancolía”. Es una de esas frases que se adoptan de inmediato, pequeña gran filosofía hecha melodía: es la segunda canción de Una temporada en el amor, apenas han transcurrido seis minutos desde el comienzo del nuevo álbum de Estelares y ya alcanza para saber que se está ante un gran disco. Puede parecer una exageración, otro ejemplo de la fascinación que la prensa tiene con la banda de Junín/La Plata/Buenos Aires desde los tiempos de Extraño lugar y sobre todo a partir del magnífico doblete de Ardimos y Sistema Nervioso Central. En el medio suele menearse el “verbo” hypear, mucho más ajustado que el castellano inflar, pero la calidad de canciones como “El último beso”, “Moneda corriente”, “De la Hoya”, “Ella dijo” o “Luxemburgués” exime de cualquier inflador artificial: Estelares creció solo. Aunque el Sindicato del Cinismo enarque las cejas, a la hora de diseñar un mapa del rock argentino en el final de la primera década del siglo XXI no se puede prescindir de ellos.
El cantante y guitarrista Moretti, el violero y coequiper compositivo Víctor Bertamoni, el bajista Pablo Silvera y el baterista Carlos Sánchez transitan un camino difícil pero lleno de atajos fáciles, el de la canción rock. Hay toda una tradición al respecto en la escena local, pero también infinidad de lectores del librito Canción rock para dummies. El cuarteto, sin embargo, se desmarca, quema ese libro en su propio fuego, se aleja de la cosa calamaresca y el versito flojo del “rock and roll de verdad”, y construye su identidad a partir de sabias combinaciones armónicas y melódicas –donde mayores y menores no son equipos de fútbol rivales, y pueden fundirse dibujando extraños paisajes–, un sólido sonido guitarrero y una destacada capacidad para producir emoción sin cursilería. Vaya como ejemplo “Mil abejas”: Moretti no es el primero ni será el último en tomar la guitarra para cantarle al milagro de una hija, pero la sencillez de la frase “Debe ser que no hay mayor verdad que tu amor” no produce empalago, sino un genuino nudo en la garganta. Esos versos de amor para Juana se combinan con la demoledora, intensa “Un viaje a Irlanda” para poner una doble cereza en la torta, cerrar el paquete por todo lo alto: “Veinte años no es nada si hubiesen sido decentes”, tira el cantante, desactivando como al pasar décadas de mito sobre el paso del tiempo.
Claro que antes de eso el grupo fue construyendo pacientemente su edificio de canciones, con eje en ese “sexto B” que aparece con recurrencia similar a la que Moretti exhibe al preguntarse sobre su condición de amante fiel, farsante, impostor o truhán: dudas existenciales que le dan la firmeza musical para dejar caer perlas brillantes como “Autobuses”, uno de los muchos corazones del disco. Allí, el grupo suma a un invitado de lujo como Fito Páez, que deja a un lado todo exceso particular para integrarse al grupo, apropiarse de una estrofa pero también prestarse a un inolvidable dueto de voces con Manuel. Es otro estribillo que se queda a vivir en el marote, en un disco que abunda en ellos: no puede decirse otra cosa de “Las trémulas canciones”, donde Ariel Rot colabora para una tanada romántica que no se traduce en grasada, o la urgencia de “Las luces del sueño” o la dulce desesperación de “Máscaras” o el rapto-Virus de “No hay más”, escrita por Silvera.
Para los amantes del rockito “hacia arriba”, Una temporada en el amor ofrece el single inevitable, que engancha de inmediato y –lamentablemente– caerá presa del hartazgo de la heavy rotation: aun así, por un tiempo será difícil sustraerse a la potencia de ese “Somos tan frágiles/ tan memorables, ves?”. Potente, también, es la épica de “Los ’90” (como “Tanta gente”, personal retrato de la era de Carlos Saúl I), las guitarras alla Adrian Belew de “4 Chicos” o la pintura de un gélido país de “Superacción”.
Y así, con el aporte de Juanchi Baleiron –el productor que supo cristalizar de una vez y para siempre el núcleo sonoro de la banda–, las guitarras de Sebastián Escofet y las teclas de Eduardo Minervino, Estelares le pone la firma a un opus 5 que los encuentra en plena madurez, tan convencidos de lo suyo como para evitar los atajos facilongos, para entregarle su vida a las canciones y no arrepentirse. Y, de paso, convencer a quien tenga la oreja atenta de que vale la pena subirse al mismo autobús: que sea una larga temporada.

Eduardo Fabregat
Página 12

Estelares y su nuevo disco, Una temporada en el amor

“Tradujimos nuestras grandes pasiones como enseñanzas”

Manuel Moretti, líder de una banda que es al mismo tiempo popular y “de culto”, anticipa las claves de su último trabajo, que aparecerá el próximo viernes. “La figura es el amor como construcción, ni siquiera como pareja”, explica.

Manuel Moretti parece tener todo el tiempo del mundo cuando se sienta a la mesa de un bar a unas cuadras del Abasto, justo a la vuelta del lugar que quiere convertir en su bunker y estudio. Sin embargo, el cantante de Estelares vive por primera vez todo lo que implica estar a punto de publicar un disco cuando el anterior fue exitoso. Sistema nervioso central, de 2006, puso por primera vez al cuarteto en todas las radios gracias a temazos como “Aire” y “Ella dijo”. Eso provocó que Estelares llegara a lugares como el Opera, entre otros, y que abandonara definitivamente su estatus de secreto mejor guardado de un grupo selecto de fans. Por eso, Moretti disfruta de “todas esas novedades” que vive ahora, como que lo reconozcan por la calle y que el sello PopArt tenga como prioridad el lanzamiento del inminente Una temporada en el amor, que aparecerá el próximo viernes. Este juninense de cuarenta y pico confía en las canciones que registró con sus compañeros Víctor Bertamoni (guitarra), Pablo Silvera (bajo) y Carlos Sánchez (batería), y la única ansiedad que siente, confiesa, “es por responder a lo que ahora significa Estelares”. (…)

Armamos un lindo asadito

ESTELARES, “SISTEMA NERVIOSO CENTRAL” Y EL ARTE DE LA CANCION

“Armamos un lindo asadito”

A la hora de darle forma al sucesor de Extraño lugar, Amantes suicidas y Ardimos, el cuarteto platense puso sus mejores canciones en la parrilla y les abrió la puerta a los amigos. Y se entusiasma con el nuevo auge de la melodía que parece darle un mejor contexto al disco: “Hay tendencias que, si las sabés esperar, te vuelven. Nosotros

Hubiera sido injusto que la crisis que azotó el país entre 1998 y el 2001, y que se llevó puesta a tantas bandas prometedoras, también terminara con Estelares. Y eso estuvo a punto de suceder cuando a pesar del pequeño éxito de Extraño lugar en 1996 (editado también en España), Amantes suicidas (1998) tuvo poca o nula difusión y la banda entró en un peligroso parate que se prolongó un par de años. Justo ellos, que habían conjurado la repetida contradicción de todas las épocas, aquella de modernos vs. auténticos (electrónicos vs. barriales en los ’90) con ese rock épico y vital, tan trágico como esperanzador. Justo ellos que, a caballo de temazos como El corazón sobre todo (tarde o temprano, un clásico inapelable del rock de acá), habían enamorado hasta al más descreído, devuelto el ánimo hasta al que ya había bajado los brazos. (…)

El secreto ya no está tan guardado

Esta noche, en La Trastienda, el cuarteto platense mostrará en vivo las canciones de Sistema Nervioso Central, su último y notable disco.

Con su cuarto disco, Estelares comienza a despegar hacia un merecido reconocimiento.

Con su cuarto disco, el reciente Sistema Nervioso Central, Estelares dejó de ser el secreto mejor guardado del rock argentino: por obra y gracia de la difusión, que siempre les había resultado esquiva, los platenses ganaron espacios y cada vez acceden a escenarios más grandes. Como el de La Trastienda, donde se presentarán esta noche, pero también el del festival Pepsi Music. Nada más merecido, porque el cuarteto ha construido desde siempre verdaderas gemas cancioneras. “Suponíamos que si la gente empezaba a enterarse de las canciones que nosotros considerábamos que estaban bien, podía pasar lo que pasa ahora: que nuestro nombre esté en boca de un montón de personas”, explica el cantante, compositor y guitarrista Manuel Moretti. “Pero quizás ahora las canciones nos han devuelto más, porque estoy más maduro compositivamente y porque la banda creció. El secreto ya no está tan bien guardado, la gente empieza a enterarse, y por un lado está buenísimo, pero por otro hay como una pequeña bronca porque nos parece que desde el año cero somos una muy buena banda de canciones, y hubiese estado bueno que alguien nos diera bola antes. De todos modos, no nos quejamos…” (…)

3 de Marzo en Quilmes

Lugar: Club Tucumán Horario: 23 h...
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